Ecologísmo demagógico, Megaproyectos y Revolución de Color

20 de Setembro de 2018, por Heinz Dieterich Stteffan

A luta deve ser na defesa dos bens comuns
A luta deve ser na defesa dos bens comuns

1. No respires: es anti-ecológico
En el debate con los ecologistas demagógicos es necesario recordarles que todo sistema biológico afecta al entorno. La respiración humana es un buen ejemplo. Cada vez que una persona respira, convierte el vital gas oxígeno en un gas asfixiante (asphyxiant gas): el dióxido de carbono (C02). En total, produce unos 500 litros de C02 al día. La moraleja es clara. Ningún organismo aerobio, particularmente el homo sapiens, puede reproducirse o expandirse sin trastornar el entorno natural de la biósfera. Esta es la primera ley o constante planetaria, que hay que respetar en todo debate ecológico serio. Es decir, en debates no contaminados por intereses demagógicos y reaccionarios.

2. Evolución y “destrucción creativa”
Dicha ley planetaria se deriva del intercambio de información, energía y materia entre el organismo que pretende reproducirse, y su hábitat. Quién domina mejor ese metabolismo sobrevive, tal como formuló el genial Charles Darwin en su trascendental concepto del survival of the fittest. Presionados por la expansión de la población, las nuevas tecnologías, los megaproyectos y el estilo de vida ostentoso impuesto por el Capitalismo del Siglo 21, los pueblos y países más débiles en la jerarquía de poder geopolítico sienten cada vez más amenazados su futuro y la necesidad de modernizarse, conforme a los estándares mundiales de producción y bienestar. Ese es el eterno proceso de evolución biológica descrito por Darwin y bautizado “destrucción creativa” por el profeta de la innovación capitalista, Joseph Schumpeter. De hecho, son las tres fuentes de acumulación del capital, que generan los movimientos telúricos de choque entre la ecología de las comunidades locales y la de los mega Estados modernos; las culturas tradicionales y la modernidad, y las precondiciones para las futuras guerras nucleares por el control del agua, la energía y las antípodas del planeta azul. 

3. Explotación y Ecología
Las tres formas de acumulación del capital se refieren, obviamente, a la explotación de la fuerza de trabajo vía la tasa de ganancia; la explotación de los recursos naturales vía la renta de la tierra, incluida la expropiación del ADN como “propiedad intelectual” particular, y la explotación del prestatario de dinero (consuntivo y dinero-capital) mediante tasas de interés crematísticas. El incesante intento de maximizar esas tasas de explotación del ser humano, de la naturaleza y del capital-dinero y, su consecuente “destrucción creativa” de lo existente,  del status quo, es lo que la población mundial siente como amenaza: tanto el high tech  robo de datos personales por delincuentes corporativos como Mark Zuckerberg, la expropiación de facto de aguas, tierras y genomas por low tech transnacionales extractivas y life-science corporaciones, como la destrucción de las defensas culturales y tradiciones de los pueblos y Estados. Toda esa política es impuesta de manera violenta, autoritaria y sin explicación para las víctimas. Empresas transnacionales, el proto-Estado global (FMI, OCDE, etc.) y gobiernos nacionales y locales participan en esa profitable ruleta rusa con la Madre Tierra, creando el caldo de cultivo idóneo para la política del miedo (politics of fear) de megafascistas como Trump y Hitler y, toda clase de demagogos y estafadores menores.

4. Ecologísmo e indigenísmo demagógico
En una crematística de mercado, como ya notó Aristóteles, toda relación social y todo producto se convierten en mercancía. La ecología y el problema indígena, por supuesto, no son la excepción. Al lado de auténticos defensores de la naturaleza que hay en toda América Latina, se ha formado un estrato poderoso de politiqueros indígenas y mestizos  --como los “mishus” del Ecuador, financiado en parte por la miriáda de fundaciones imperialistas del Primer Mundo, sobre todo Europa--  que son mercaderes de un ecologísmo demagógico y de franquicias de “identidades” y “tradiciones” de los pueblos. El imperialismo y las oligarquías detectaron tempranamente la utilidad de esos grupos para sus fines de dominación y los usan como catalizadores en sus revoluciones de color y cambios de gobierno, contra proyectos de vanguardia, centro o transición. Un vehículo operativo favorito para la desestabilización del Centro, son los “megaproyectos”. 

La fundamentación y sistematización de esas operaciones esta en los manuales del Terrorismo de Estado gringo, por ejemplo, Psychological Operations in Guerrilla Warfare, y por, supuesto, en las obras de Gene Sharp. Un buen ejemplo empírico y una lección fundamental para todos los proyectos de Centro en América Latina, es el ya fracasado Canal Interoceánico en Nicaragua, que fue clave para acabar con el gobierno de Rosario Murillo y Daniel Ortega.

5. Nicaragua como modelo
Toda subversión de un gobierno legal necesita un tema “transversal” que le permite organizar múltiples grupos descontentos aislados en una dinámica de “resistencia nacional”. En Nicaragua, este tema fue el Canal Interoceánico. Como todo megaproyecto requería la expropiación de terrenos, lo que, ante una población y pequeña burguesía conservadora rural, era, de antemano, una tarea difícil de lograr. Una campaña informativa sofisticada y precios de compra muy por encima del valor de los terrenos eran los requisítos imprescindibles para convencer a esa población. Cuando tal campaña no es exitosa, las democracias burguesas occidentales proceden a la expropiación de la propiedad y la imponen mediante la fuerza jurídica y pública. La represión que ejerce un Estado metropolitano en esas operaciones no pone en peligro su estabilidad. En un Estado tercermundista como Nicaragua con carácter anti-monroeista, la situación es cualitativamente diferente. Todos los núcleos de desestabilización potenciales se organizan y financian desde arriba, generalmente desde Washington, en una red desestabilizadora. Los ecologistas urbanos, habitualmente de clase media y con vínculos académicos e internacionales, denuncian globalmente los efectos depredadores sobre la naturaleza. Las múltiples organizaciones de derechos humanos “independientes” condenan públicamente la represión y el quebranto del Estado de Derecho. Los antropólogos mestizos, que frecuentemente controlan a las organizaciones indígenas, deploran la pérdida de tradiciones y culturas indígenas. Los estudiantes, carentes de conciencia histórica, cortesía de sus profesores burgueses, se solidarizan con las víctimas de la planeada expropiación y se movilizan. Los exlíderes sandinistas, fuera de las dulces mieles del excluyente Matriarcado tropical Murillo-Ortega, deploran la destrucción de la democracia partidista y los medios masivos de indoctrinación cumplen con su papel de clase, como eco chambers (cajas de resonancia). En esta fase, Big Brother CNN globaliza y Big Daddy Almagro moviliza a la OEA, y la inoperante CIDH despierta de su letargo. El Departamento de Estado expresa su preocupación, la Iglesia convoca al diálogo –tan estéril como su supuesta lucha contra los pederastas-- los socialdemócratas y “comunistas” de la Patria Grande repiten las tonterías de Murillo y Ortega y la CIA avanza la Revolución de Color. 

6. ¿Cuando es legítima la protesta ecológica?
La organización ecológica es legítima y necesaria, cuando representa el bien común del país y de las mayorías. No es legítima, cuando representa intereses particulares de utilitarismo económico o político o estratagemas faccionístas. Bloquear la instalación del G-5, por ejemplo, sería una actitud retrógrada, porque sacrificaría la competitividad global del país a futuro. Es decir, lo empobrece. De la misma manera, si se permite que Bayer (Monsanto) genera semillas transgénicas que sólo germinan una vez, se entrega la autonomía alimenticia ciudadana global a las tres transnacionales dominantes respectivas, que controlarán casi el 60% de las semillas, el 70% de los pesticidas y productos químicos para el cultivo de alimentos, además de casi todas las patentes de los transgénicos. Permitir esto sería una actitud criminal de los gobiernos autorizantes. En cambio, la creación de variedades de arroz resistentes a la salinidad, por el "padre del arroz híbrido" Yuan Longping, es una enorme aportación al bienestar de la humanidad, que debe ser apoyada.

7. Contradicción Ecología y Democracia 
A la evolución biológica y el survival of the fittest, como leyes de evolución de toda materia biótica, se agrega una antinomia social irresoluble que se deriva de las leyes de escala del universo (laws of scale) y que complica la resolución pacífica de la problemática ecologísta: la contradicción entre la necesidad funcional de organismos y organizaciones de tener autosimilaridad a toda escala, y el invento humano de la democracia. Para que un organismo o una institución sobreviva, necesita una estructura de mando vertical. Este principio organizativo vertical contradice el principio organizativo horizontal de la democracia mayoritaria y es la antinomía fundamental para resolver los problemas de la democracia participativa del Siglo 21. Entre ellos, la contradicción entre el pasado y el futuro.

8. Ecología racional y progresista
Oponerse irracionalmente a las tres leyes mencionadas es quijotesco. Fue una pequeña mutación genética en el seno del gen ARHGAP11B que permitió la emergencia de las funciones cognitivas superiores propias del homo sapiens, y lo separó de los homínidos. Hoy tenemos la ventaja de entender mejor que Darwin los procesos aleatorios de las mutaciones naturales y usar los benéficos, tanto naturales como inducidos, para la humanidad.

9. Deber moral de gobiernos de Centro
 Todo gobierno progresista de nuestros países neocoloniales tiene la obligación constitucional y moral de avanzar el bienestar de su población. La única manera de lograrlo es mediante la introducción de tecnologías de punta, vías de comunicación modernas, educación secular para todos y gobiernos de “moral y luces” (Simón Bolívar). No es posible sacrificar esa vía de evolución por intereses de autonombrados líderes campesinos, sindicales o indígenas: menos, cuando estos están vinculados a los intereses de explotación y dominación oligárquicas y monroeistas. Frenar el abuso del ecologísmo e indígenismo demagógicos en las contrarrevoluciones de color requiere visión y conciencia histórica de los gobiernos latinoamericanos. 

¡Justo lo que más les falta!