El momento estadunidense

6 de Dezembro de 2016, por Heinz Dieterich Stteffan

 


Para Eudoxio Morales

1. Marx, Jesús y Dangerous Donald

El problema de todo demagogo es que en algún momento tiene que demostrar que sus mentiras son verdades. Trump escogió a la empresa Carrier Corporation para hacer esa demostración y cumplir con sus mentiras de bienestar, que le dieron los votos de la engañada clase obrera pre-universitaria. Pero, el modus operandi (modo de actuar) que le sirvió al venerable reformador Jesús para financiar su movimiento de protesta, le falló al embustero Trump: el milagro bíblico de “la multiplicación de los panes” no se repitió. Al nuevo Delincuente en Jefe del Imperio, no le salieron los panes, ni los peces trumposos. Fue derrotado vilmente por lo que Karl Marx llamó “la ley del valor” y que Adam Smith denominó “la mano invisible” (“invisible hand”) del mercado. Queda por verse, si la  máquina de producción industrial de androides protofascistas de Trump  logre “reciclar” esa amenazante contradicción  --generada por el primer choque de su burbuja de mentiras con la realidad--  para su base social. Su creciente violencia contra las instituciones de la democracia liberal, que limitan su proyecto totalitario, al igual que la composición de su gabinete de Frankensteins anti-populares, indican el rumbo que van a tomar las cosas en el Imperio:  creciente lucha clasista y por la democratización de la sociedad, desde abajo; progresiva represión del Estado plutocrático-policiaco imperial, desde arriba. En una palabra, el retorno, mutatis mutandis, a los años sesenta.

2.  El mercado contra el Mesías

Mientras Jesús convirtió a sus fans en creyentes en el “Jardín de las Riquezas” (gan osheret) de Genesaret, en plena fuga ante el tetrarca Herodes, el teatro de operaciones escogido por Dangerous Donald para sus “vodoo economics” fueron las llanuras de Indiana. Comparado con el carpintero proletario de Nazareth, cuya logística apenas consistía en cinco panes, dos pescados y la “invisible hand” del Señor, el magnate Trump dispuso de todos los recursos del Capitalismo del Siglo 21.  Durante meses había profetizado, cómo iba a sacar a esa clase de olvidados (forgotten) y regiones pauperizadas de la miseria, mediante una llamada desde la Casa Blanca. En voz del nuevo mesías: “Carrier is not going anywhere, they are not leaving -- Carrier no se va a ninguna parte. Ellos no se van”.

3. Secuestro exprés del omnipotente Trump

“No se van, no se van…se fueron”, puede resumirse el resultado de la Operación Milagro trumposa, pese a los esfuerzos del Profeta. Aprovechó el nombramiento del gobernador del insignificante Estado de Indiana (15º en población), Mike Pence, como Vice-Presidente de su proyecto presidencial. Escogió una empresa subsidiaria del complejo militar-industrial, United Technologies Corporation, cuyos ingresos ($56 millardos) dependen en cerca del 10 por ciento del Pentágono; cuyo Comandante en Jefe es el mismísimo Trump. Regaló siete millones de dólares en reducciones fiscales y prometió relajar las normas que afectan las ganancias. Y, pese a ese gigantesco esfuerzo logístico, el gran timonel del más poderoso Estado capitalista de la tierra, terminó ignominiosamente como Santiago el pescador en El Viejo y el Mar (Hemingway): con la espina del pescado en la mano, mientras los tiburones se quedaron con la carne del Marlín. Carrier mantendrá sólo 800 trabajos en Indiana, mientras más de 1000 van a México.

De esta manera, la corporación transnacional convirtió al embustero Trump en rehén de su propia demagogia e hizo estallar su edificio de mentiras en pedazos. Y el miserable Trump tuvo que arrastrarse ante la corporación, para liberarse de su quijotesca promesa de poder vencer al Capital y a tres de los más formidables científicos  de la economía política clásica: Adam Smith, David Ricardo y Karl Marx.

4. Donde manda El Capital, no manda marinero

Cuando los economistas burgueses dicen que “el mercado” manda, sus intereses ideológicos les obligan a actuar como el hombre en la copulación: colocarle un preservativo, en este caso, lingüístico, al fenómeno real. Los que mandan en la economía global son los 62 individuos que controlan la mitad de la riqueza mundial y que tienen nombre y apellido. Sin embargo, estos plutócratas “mandan obedeciendo”. La ley que los rige –el megasistema cibernético planetario-- es la tasa global general de la ganancia (globale Profitrate), ante la cual Trump y cualquier político, cura o capitalista individual, son impotentes. Porque, esa ley de valor tiene la misma fuerza en la vida social del planeta, como lo tiene la ley de gravitación en su vida física. Y su fuerza crece en la medida, en que la globalización reduce el impacto y papel que los factores de soberanía nacional ejercen en el funcionamiento de este sistema cibernético, que determina la dinámica dirigente de la economía mundial y la evolución humana moderna. Es evidente, que Trump nunca entendió el concepto de “attractor”; si es, que alguna vez lo escuchó fuera de un contexto sexual.

5. El libre comercio y el atractor global

Los tratados de libre comercio no son más que parámetros del grado de evolución histórico alcanzado por el modo de producción capitalista: el avance de sus fuerzas de producción globales se refleja en la esfera de circulación global. Esa interacción entre producción y circulación, entre  generación del plusvalor y su realización, es objetiva y solo puede ser cambiada mediante la transición de la crematística de mercado hacia la economía política post-capitalista del Socialismo del Siglo 21. Lo que el flamante Hidalgo de La Mancha  hace, es luchar contra sus propias sombras, porque los elementos constitutivos de la ley del valor son los precios de producción, que determinan la tasa de ganancia. Para bajar artificialmente esos precios hay un solo método, tal como acaba de demostrar el mismo Trump: subsidiarlos. Tal método es utilizado selectivamente en el corrupto capitalismo de Estado contemporáneo. Pero, es imposible generalizarlo para toda una economía nacional. Hay gobiernos que pretenden desconocer esa verdad, como el gabinete de idiotas económicos en Venezuela, a fin de mantener vivo su bonapartismo de “izquierda” y su narrativa política de “socialismo”. Trump, en cambio, lo hace para prolongar su bonapartismo de derecha y sus mentiras de futuro esplendor económico.

6. El farsante Bernie y la tetrarquía estadounidense

Estados Unidos se dirige rápidamente hacia una “oligarquía económica y política”, si la gente no hace “una revolución política”, dijo Sanders hace tres días. Se trata de una demagogia repugnante del socialdemócrata disfrazado de “socialista democrático”, porque él sabe que

Estados Unidos nació hecho por una oligarquía de esclavistas, capitalistas burgueses y genocidas, que quería liberarse del pérfido control colonial británico. Su guerra de independencia, ganada por Francia, fue una guerra entre dos fracciones de esa oligarquía; una guerra hegemónica entre élites, tal como sucedió en la mayoría de los países latinoamericanos en la Guerra de Independencia. Desde el primer día, ese sistema oligárquico fue construido como una réplica del Imperium  Romanum, no de la democracia participativa griega. Su ADN oligárquico se revela, entre muchas otras cosas, en el Colegio Electoral, que fue instalado a instancias de los esclavistas del sur, para aprovechar el poder demográfico de su población esclava. Por eso, la Constitución de 1787 estipulaba que cada uno de esos “negros” valía las tres quintas partes de un blanco y excluyó a “los indios” que “no pagan impuestos”. Tampoco hay nada nuevo en el robo de la presidencia por parte de candidatos derrotados por el voto popular. Il piccolo duce Trump es el quinto dictador de este tipo; el primero fue John Quincy Adams (1825-29), inventor de la Doctrina Monroe, hijo del segundo presidente de la Unión e “Independista” como Trump, es decir, oportunista flotante entre cinco partidos políticos de entonces. Sanders sabe que Estados Unidos siempre ha sido un Imperio oligárquico con fachada de democracia liberal. Pero, siendo miembro de su clase política, tiene que compartir las mismas narrativas mentirosas de esta pesadilla imperialista de la humanidad, que hoy día es una tetrarquía. Es decir, una dictadura, gobernada por cuatro fracciones de poder imperiales: los protofascistas de Trump; los neofascistas (neocons) de Clinton, Bush, Obama; los socialdemócratas demagógicos de Sanders y la rancia ortodoxia republicana de Ryan y McConnell.

Bernie Sanders, al igual que Donald Trump, es un tetrarca del capital. No es parte de la solución de la clase trabajadora y no tiene nada que ver con el Socialismo como vía hacia la sociedad sin clases. Bernie Sanders es parte del problema, que la humanidad tiene que resolver.