El Suicidio Socialcristiano de Andrés Manuel

4 de Maio de 2020, por Heinz Dieterich Stteffan


1. La destrucción de Morena
No hay que ser científico para entender que el largo proceso de destrucción de la alianza electoral MORENA, ejecutado en apenas un año, fue deliberado. La desaparición de este exitoso vehículo electoral, ideado y liderado por el mismo Andrés Manuel López Obrador --y que lo llevó a la presidencia--   sería un misterio, si no perteneciera a las crónicas de las muertes políticas anunciadas. 

2. La razón de la inmolación
La razón de la inmolación de Morena no se debió a la presencia de obstáculos objetivos insuperables, sino a una decisión política post electoral de AMLO, que el líder de la Cuarta Transformación ha transparentado de la siguiente forma: “Ya no hay partido de Estado”, aseguró en un mensaje a todos los servidores públicos del gobierno, a quienes pidió no involucrarse en asuntos partidistas, particularmente en Morena, ni utilizar recursos públicos para ese fin. Además de ser un delito grave, se trata de una “cuestión de principios” advirtió, enfatizando que uno de los propósitos fundamentales de la Cuarta Transformación es desterrar la “simulación y las marrullerías”, a las que se oponían cuando eran oposición. Ser de “izquierda significa ser honestos”.

3. ¿A qué dedo beneficia este anillo?
Obviamente, toda persona ética coincidirá con este postulado. La pregunta es, si a la luz de la correlación de fuerzas 2019-2021, la destrucción de Morena es un propósito realista y estratégicamente funcional para el avance de la 4ta transformación o, como se decía en el siglo XVI, se tiró al bebé con el agua. Para contestar esta pregunta formularemos la incógnita en tres lenguajes diferentes. En términos económicos: ¿Cuáles son los “costos de oportunidad” de esta decisión del líder? En términos forenses ¿cui bono? ¿A quién beneficia? Finalmente, en lenguaje político coloquial: ¿A qué dedos viene bien ese anillo? ¿Y en qué mano están esos dedos: la derecha o la izquierda?

4. ¿Estaba roto Morena?
If it ain´t broke, don´t fix it, dice el pragmatismo estadunidense (B. Lance). Si no está roto, no lo arregles. Si aplicamos esta filosofía a nuestro análisis de la destrucción del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), la inferencia lógica es evidente. El presidente había concluido que Morena electoral estaba roto y que no podía arreglarse para servir como vehículo de utilidad gubernamental. Por lo tanto, no había motivos para preservar este instrumento de organización de masas que había coadyuvado a la movilización de más de 30 millones de mexicanos, que le otorgaron el mandato al presidente. Se podía prescindir de la institución que era sinónimo de éxito político-social del pasado.

5. El dilema del astronauta
La decisión de AMLO de “permitir” el colapso de la institución Morena, audaz y principista como muchas de sus decisiones estratégicas, conllevaba, por supuesto, un alto riesgo. Mientras no se disponía de un sustituto institucional para el “Movimiento Regeneración Nacional, La esperanza de México”, el líder apostaba a un juego de suma cero: se gana todo o se pierde todo. Porque un gobierno que destruye su organización de masas es como un astronauta, que llega exitosamente a la estación espacial, pero carece de un vehículo para regresar a su base terrenal. 

Ante esta tragicomedia, casi todos los “líderes” de Morena aplaudieron o se quedaron callados. Hecho, con el cual demostraron que eran esencialmente comparsas y no la vanguardia moral y fáctica, que el país deseaba, tal y como expresaba el corolario moral de 30 millones de votos emitidos.

6. Partido de gobierno, partido de Estado
Si la idea de la deconstrucción de Morena consistía en sustituir un partido de gobierno –si no de Estado, que son dos cosas cualitativamente diferentes (¡!)--  por los 17 mil promotores denominados “servidores de la nación”, entonces era un proyecto concebido erradamente ab ovo. Erradamente, porque entrañaba una contradicción estructural y funcional irresoluble (antinomia) con la sociedad contemporánea, consistente en la reducción de lo político a lo estatal.  En la sociedad moderna, los partidos son la interfase que regula el flujo de información, recursos y poder entre la esfera social (masas, clases, generaciones, géneros, etnias, empresas, etc.) y las esferas estatales del gobierno y del Estado. El Estado feudal-monárquico podía prescindir de ellos. Pero, ni el Estado burgués, ni el Estado socialista pueden conservarse sin esta interfase (partido) que facilita los equilibrios horizontales y verticales, que garantizan la estabilidad del sistema.

7. Partido, Estado y clase gobernante 
Toda sociedad moderna es un macrosistema jerárquico gobernado por lo que el eminente sociólogo C.W. Mills llamó the power elite (1956). Esta power elite o clase gobernante está compuesta por las élites corporativas, militares, políticas e ideológicas (clericales). Toda sociedad contemporánea corresponde a esta estructura jerárquica de élites y de poder, hecho por el cual es erróneo pensar, que en la sociedad global exista alguna democracia real. 

Para administrar el colosal sistema de la sociedad moderna la clase gobernante usa dos instrumentos principales: el Estado y el gobierno. El Estado es un gran robot, un Calibán estructural que se mueve sobre dos extremidades: la burocracia civil y la burocracia armada.
El gobierno, en cambio, es el sistema operativo temporal de los intereses dominantes, cuyas dos extremidades son el poder ejecutivo y el partido político. Quitarle a un gobierno cualquiera de esas dos extremidades –sin ponerle equivalentes sistémicos funcionales--  significa condenarlo al colapso  por inestabilidad e inmovilidad.

8. Partido de Estado, del Pueblo, de Vanguardia
Para optimizar la interacción entre masas y gobiernos se han probado dos tipos de interfases políticos: el partido de masas, donde todo ciudadano puede registrarse y el partido de vanguardia, donde el registro depende de determinadas características del candidato. El gran debate sobre los pros y contras de ambos instrumentos de gobierno se dio a inicios del siglo 20, entre los socialdemócratas rusos (mencheviques) y los revolucionarios socialistas (bolcheviques). A partir de este debate se dividió la historia moderna.

Desde la Revolución de Octubre, todos los gobiernos del Socialismo del Siglo 20 optaron por el modelo del partido de vanguardia, como base política de su proyecto de transformación social. En cambio, todos los gobiernos socialdemócratas y liberales burgueses optaron por los partidos de masas, a veces llamados también “partidos del pueblo”, como en la democracia cristiana alemana (Volkspartei). 

9. Partido de Estado, burocracia y corrupción I
El gran error de concepción del problema de los partidos políticos consiste en equipararlos sumariamente con la corrupción y la sumisión al Estado, tal como aparece en la formulación de AMLO. Todos los partidos políticos, al igual que todos los gobiernos, ministerios gubernamentales y macro organizaciones sociales (sindicatos, iglesias, universidades, etc.), son gobernados por burocracias, es decir élites jerarquizadas y privilegiadas. Y ni las fuerzas divinas se escapan a esa ley, como nos enseña la jerarquía angelical. En rigor, y científicamente hablando, no hay partidos “del pueblo”, como no hay sociedades “democráticas”, ni “economía moral” –salvo la economía de equivalencias--, como tampoco hay iglesias “cristianas”. Es decir, iglesias que obran con la praxis de Jesús. Los conceptos respectivos se refieren a ficciones, o sea, mitos ficticios que permiten la organización efectiva de las masas.

10. Partido de Estado, burocracia y corrupción II
La ciencia nos ha revelado las leyes de comportamiento de las burocracias y por eso conocemos los determinantes y la realidad de su praxis social. Si disfrutan de determinados grados de libertad (autonomía) frente a su centro decisor (Estado, corporaciones, generales, nomenclaturas) o si son simples títeres ejecutores, depende del país y de la situación concreta. Es decir, su rango de operabilidad tiene que ser entendido en lo concreto, no como deducción abstracta.

De la misma manera, la corrupción es un fenómeno característico de toda sociedad humana, al igual que la criminalidad y el abuso de poder. En la realidad, es imposible reducir la frecuencia de esas constantes macro sociales o fenómenos a cero. Lo que sí es necesario y posible es, mantener dichas desviaciones (anomias) dentro de un rango estadístico definido socialmente como “normal”. 

Trabajar con partidos políticos o alianzas electorales como Morena implica, en consecuencia, que habrá inevitablemente tasas de abuso, corrupción, burocratismo, etcétera, como las habrá inevitablemente en toda burocracia o macro organización. Pero, mientras se mantienen dentro de una curva de “distribución normal” (Gauss)  --que hay que reforzar permanentemente con la educación política, la policía y justicia, la moral pública y el control mediático--  el comportamiento sistémico de los partidos políticos está perfectamente dentro de los estándares de su clase lógica.

11. Evitar la tragedia socialcristiana nacional
A la luz de la ciencia es obvio que ningún asistencialismo estatal, sea socialdemócrata o socialcristiano, le dará estabilidad a un gobierno de transformación progresista latinoamericano. Mucho menos en una situación de crisis estructural como la que sufre la nación y la sociedad global. Andrés Manuel López Obrador es un hombre de profundas convicciones y, en sus propias palabras, un admirador de “los principios, obras y hechos de Jesús”; un “hombre con profundo amor” y un “gran revolucionario”. Los serios errores estratégicos que ha cometido este año se deben, sin duda, al choque entre su ética socialcristiana y la inercia de la realidad, que bloquea el tipo de transformación social que Jesús procuraba y que él quiere. Pero, debe evitar que su proyecto termine en tragedia, como sucedió con el nazareno.

12. Parar la inmolación de Morena
Desaparecer a Morena y confiar en que los servidores de la nación y el arrastre 
presidencial sean suficientes para superar la crisis actual, significa poner todos los huevos en una canasta. ¿No sería mejor, meter a Morena en la sala de terapia intensiva, reactivarlo, refinanciarlo y poner cuadros honestos y eficaces en su dirección, en lugar de asfixiarlo financieramente con donativos al INE, cuyo efecto para superar la crisis actual de todas formas es simbólico,  porque no tienen la dimensión necesaria para transformar la crítica realidad 
actual?

13. ¿Actuará el presidente?
El presidente ha demostrado en el pasado que tiene la capacidad de dar virajes estratégicos inesperados, cuando la realidad lo exige. Aun tiene el tiempo, el poder real y la fuerza moral para restituir el segundo vector de su proyecto transformador. No hacerlo y seguir con la destrucción de Morena, caerá, sin duda, como “anillo al dedo” de los enemigos de la 4ta Transformación. 

Todavía hay tiempo para detener la inmolación, tal como sucedió en el bíblico sacrificio de Abraham (Génesis 22). Pero, si no actúa, probablemente no tendrá una segunda oportunidad. 
¡Que pregunte a Evo!