La responsabilidad del FMI, del gobierno de Macri y otras que se olvidan

19 de Fevereiro de 2020, por Alejandro Olmos


Ayer el ministro de Economía Martín Guzmán, se presentó en el Congreso de la Nación a los efectos de exponer algunas cuestiones relacionadas, con la actual situación de la deuda, y algunos aspectos que hacen a la actual negociación de la misma, llamándome la atención el poco interés de los legisladores en escuchar al funcionario, ya que sobre 257 diputados solo asistieron 133. Una nueva muestra de la irresponsabilidad de gran parte de los llamados representantes del pueblo.

La exposición del ministro fue muy prudente, manejó números exactos, alejados de los disparates habituales que se mencionan de que todo el dinero del FMI se fugó, y que en el 2015, la deuda era casi inexistente. Mostró con claridad los desastres de la gestión económica de Macri, y el descomunal endeudamiento de estos últimos cuatro años, y habló de la responsabilidad de la Argentina, del FMI y de los bonistas en todo el proceso que llevara a esta crisis de la deuda que no tiene precedentes en nuestra historia. Seguramente por esa moderación que le es característica se refirió a “La Argentina” y no señaló a todos los integrantes de ambas Cámaras del Congreso que le autorizaron a Macri todo el endeudamiento que dejó.

LA RESPONSABILIDAD DEL FMI. El ministro Guzmán habló sobre la responsabilidad del FMI en la crisis, y esta es indudable, por lo cual sus actuales directivos deberán hacerse cargo de parte de los desastres que generaron, y darse cuenta que estas formas con las que se han conducido habitualmente, siempre son dañosas y nunca resuelven la economía de un país, aunque a veces pareciera que tales formulas son eternas y no se van a cambiar.

La responsabilidad del FMI es más que evidente y las evidencias son muchas. Cuando en diciembre del año 2017 produjeron el Informe del Art. IV, y la situación ya se avizoraba preocupante, sostuvieron que: “Se espera que para 2019 el déficit fiscal primario a nivel federal se ha reducido un 2% del PBI, mientras que se proyecta que las provincias reduzcan su déficit primario conforme a las metas anunciadas por las autoridades. Esto probablemente impondrá un lastre al crecimiento económico en los próximos dos años, que rondará el 2½%. Se prevé que el continuo y cuantioso endeudamiento externo y las presiones de apreciación de la moneda en términos reales provoquen nuevos aumentos del déficit en cuenta corriente… las tasas de interés reales frenarán el crecimiento, pero deberían facilitar el descenso de la inflación hacia niveles de un solo dígito. Los directores indicaron que es esencial reducir el gasto público, sobre todo en los ámbitos en que dicho gasto ha aumentado rápidamente en los últimos años, en particular salarios, pensiones y transferencias sociales. Señalaron que para estimular la productividad y el crecimiento a largo plazo sería necesario acelerar la reducción de los aranceles de importación, eliminar la mayoría de los permisos de importación, retirar los obstáculos a la inversión y la entrada de empresas al mercado”

Como pude verse hablaron de lastre en el crecimiento, del cuantiosos endeudamiento externo, y los aumentos del déficit en cuenta corriente y que las tasas frenarían el crecimiento, pidiendo como es habitual en ellos reducir, salarios, transferencias sociales y pensiones.

Además conocían minuciosamente la fuga de capitales, y nada de eso les importó para celebrar el Stand by por 50.000 millones de dólares y ampliarlo meses después. Si bien al FMI no le está prohibido efectuar préstamos a países que transfieren capitales, si le está prohibido a los países hacerlo, y el FMI tiene la obligación de advertir al país, y si no efectúa el control debido, tiene que inhabilitarlo. Nada de eso ocurrió, y de allí la enorme responsabilidad de la institución que seguramente se manejó de acuerdo con las expectativas de los EE.UU. que necesitaba tener a Macri bien alineado con sus políticas, ya que este país es el único que por su nivel de cuotas, tiene un enorme poder de decisión y de veto.

Nada de esto debería asombrarnos, por la historia de nuestra relación con el FMI siempre ha sido perjudicial para el país, y el excelente libro de la Dra. Brenta, publicado hace un año por Eudeba, lo señala con precisión.

RESPONSABILIDAD DE LOS BONISTAS. Los que operan en el mercado, saben que siempre es negocio comprar bonos argentinos por las altas tasas de interés ofrecidas, por clausulas atadas al dólar como el bono recientemente reperfilado y porque a pesar de las demoras, de los defaults, de las bicicletas, la Argentina siempre termina pagando y con creces. El pago a los buitres en el año 2016 es un claro ejemplo de ello.

Pero durante la gestión de Macri se dieron ciertas particularidades, debido a que funcionarios del gobierno como el ex Ministro Caputo habían sido funcionarios de los colocadores de esos bonos, y también de compradores como el Deutsche Bank, de quien Caputo llegó a presidente de la filial Argentina. Todas esas vinculaciones le permitieron a este operador y a otros como el Vicejefe de gabinete Quintana, y al Secretario de Finanzas Bausili, emitir bonos por un lado y comprarlos por el otro, o comprar Lebac, y venderlas para pasarse al dólar sabiendo de su posterior aumento, todo lo que ha sido probado en la justicia federal en una causa que nadie se anima a impulsar y en la que me presenté.

Podría señalar muchos ejemplos de estas responsabilidad o complicidades, pero uno que es contundente y muestra que estos buitres grandes y chicos compraban sabiendo que la Argentina no iba a poder pagar, y que iban a terminar negociando y reestructurando siempre a favor de ellos, lo muestra lo muestra la suscripción del demencial bono a 100 años, emitido en junio del año 2017. En el inclosure de ese bono, el gobierno advertía:

1.- Que existe incertidumbre y riesgo sobre el futuro económico, debido a la inflación y a la volatilidad del sistema cambiario.
2.- Puede haber menos crecimiento económico y reducción de las reservas del Banco Central.
3.- Que puede haber reducción de la inversión extranjera, lo que privaría a la Argentina del capital necesario para el crecimiento económico.
4.- Puede haber hostilidades internacionales e incertidumbre política respecto de las elecciones del 2017.
5.- Puede haber inestabilidad política, social y económica en el futuro
6.- El gobierno no puede garantizar los impactos causados por las medidas implementadas en el país.
7.- El aumento del gasto público del gobierno puede tener un efecto adverso significativo y consecuencias negativas por largo tiempo en las perspectivas económicas de la Argentina.
8.- El gobierno desconoce cuáles serán los resultados de las medidas implementadas en el sector energético y sus repercusiones.
9.- El riesgo de no hacer frente adecuadamente a los riesgos reales del deterioro institucional puede afectar adversamente la economía y la situación financiera de la Argentina.
10.-Las fluctuaciones del peso pueden afectar adversamente la economía argentina y la capacidad de cumplir con las obligaciones del país.
11.- No se puede garantizar que la Argentina pueda obtener financiamiento, lo que puede determinar que no se puedan pagar la deuda pública y los bonos.
12. No se puede garantizar que la calificación crediticia de la Argentina mejorará.
13.- La capacidad de la Argentina para obtener financiación puede verse afectada por los litigios de los holdouts.

A pesar de ese sombrío panorama los bonos se siguieron comprando; los grandes bancos y los fondos de inversión como Templeton, BlackRock, Fidelity y otros sabían los que estaban haciendo. Tienen la legislación de EE.UU. y la jurisdicción de Nueva York a su favor en caso de litigio, pero además la Argentina siempre paga. Y en los habituales modelos de contratos o en los prospectos de emisión de bonos que vienen de larga data, siempre los beneficiarios son los acreedores

LA RESPONSABILIDAD ARGENTINA. El prudente ministro Guzmán no quiso ser preciso para evitar problemas, pero aquí las responsabilidades son compartidas entre el gobierno de Macri, el Poder Legislativo, y podríamos también referirnos al Poder Judicial, que nunca quiso activar las denuncias que se efectuaron. El Poder Legislativo por haberle autorizado el enorme endeudamiento, sin controlarlo en ningún caso, ya que la Comisión Bicameral nunca funcionó como debía. El Poder Ejecutivo, por permitir los grandes negocios de muchos de sus funcionarios, y por un aumento de la deuda sin precedentes, y no advertir, que como dijera el Ministro Juan José Romero en 1893 “pagar deuda vieja con deuda nueva es ir derecho a la bancarrota”

En el caso del Poder Legislativo, la responsabilidad incluye el préstamo con el FMI, porque nunca quisieron modificar el art. 60 de la Ley.24.156, que permitía contraer una deuda sin pasar por el Congreso, a pesar de los distintos proyectos presentados, que redacté y que solo consiguieron la adhesión de algún legislador.

Debo aclarar que no comparto los cuestionamientos que muchos sectores hacen al ministro Guzmán. El se está enfrentando a una situación inédita que requiere todo el esfuerzo para ver como resuelve una situación externa, que condiciona toda la economía de la Nación. Solo un gobierno revolucionaria podría decidir no pagar, y barajar y dar de nuevo en todo lo relacionado con la deuda, y este no lo es. Solo espera administrar y hacer lo posible para ordenar las cuentas públicas, lo que en el actual contexto es bastante. No se cual será el costo que se deberá afrontar, ya que en estas cuestiones no existen soluciones fáciles, y los slogans tremendistas no sirven para nada. Espero que ese costo no recaiga sobre los trabajadores que son los perjudicados de siempre.

Hace unas semanas, le hice llegar al presidente algunas ideas que quizás aporten algo. Una de ellas, es auditar definitivamente la deuda estableciendo las responsabilidades de todos aquellos, que han llevado al desastre en el que nos encontramos. No es cuestión de palabritas, de frases, de consignas difíciles de llevar a cabo, sino de manejarse con realismo, y ejercer en forma definitiva una soberanía que es un lejano recuerdo de la que tuvimos alguna vez.