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Carmen Bohórquez: La Cultura, un bién social

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Por IELA em 30 de novembro de 2010

La Cultura, un bién social
Entrevista a Carmen Bohórquez – Vice-ministra de cultura de Venezuela 
Por Alejandro Lavquén – Chile
30.11.2010 – Con motivo de la realización de la Feria Internacional del Libro de Santiago, visitó nuestro país Carmen Bohórquez, vice-ministra de cultura de la República Bolivariana de Venezuela. Bohórquez es crítica y ensayista. Licenciada en Filosofía y doctora en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos por la Universidad de la Sorbona, París. Ha sido profesora emérita titular de la Universidad del Zulia, directora del Centro Experimental de Estudios Latinoamericanos de la misma institución y directora de investigaciones del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, entre otras designaciones. Para tomar conocimiento de los logros culturales en el hermano país, Punto Final conversó con ella.  
¿En qué consiste el Ministerio del Poder Popular para la Cultura?
Un gobierno revolucionario tiene que darle, evidentemente, un lugar central a la cultura, porque  lo que intenta un gobierno revolucionario es construir una sociedad basada en valores que vayan en función de la liberación del ser humano, de su desarrollo, de su crecimiento espiritual y de reivindicación de esa identidad que define a los pueblo. Por lo tanto, tenía que tener un ministerio que contribuyera a ofrecerles a los creadores, y al pueblo en general, bases materiales y canales de participación que le permitan expresar toda esa potencialidad creadora. Entonces, el Ministerio del Poder Popular para la Cultura lo podemos entender como un ministerio que gerencia, o que asegura, los mecanismos de participación de la población en la creación cultural. Tiene tres principios que rigen su acción. Uno es que el pueblo es la cultura, no es ministerio ni es el gobierno quien hace la cultura, es el pueblo. El segundo es revolución de la conciencia. Somos producto de una historia de alienación, de una historia que recoge diferentes etapas en un proceso de colonización permanente en nuestra América, primero con el imperio español y luego todo el siglo XX signado por la presencia de la cultura del imperio estadounidense. Entonces, si estamos trabajando por liberar la sociedad de mecanismos de opresión desde el punto de vista político y económico, mucho más hay que trabajar por la liberación de las conciencias, por descolonizar las mentes, por descolonizar la propia cultura nacional y permitir que florezcan expresiones autónomas. Y eso se traduce en una revolución de la conciencia. Lo tercero es que esa revolución de la conciencia va a contribuir a que el poder popular se haga gobierno, y ese poder popular tiene que transformarse también, o tiene que ser el poder cultural de la nación.  
Ustedes le han dado bastante importancia al libro como bien cultural ¿Cómo ha sido el proceso de edición de libros bajo el gobierno bolivariano?
Eso se puede ver bajo dos perspectivas. Una desde los autores mismos, porque, por ejemplo, la editorial Del perro y la rana, que acompaña este trabajo, les ha ofrecido a los escritores que han sido excluidos por el mercado editorial, por las editoriales privadas, la oportunidad de darse a conocer. La editorial tiene programas dirigidos a ellos, por ejemplo Cada día un libro, donde cada año, en un concurso de autores inéditos, se escogen trescientos sesenta y cinco autores y se publican sus manuscritos. Cada año se dan a conocer  esa cantidad de autores. También se reeditan libros que han sido importantes en la construcción de la identidad latinoamericana, libros que abordan problemas fundamentales de la sociedad actual, del contexto mundial, que las editoriales privadas relegan por subversivos o porque no les convienen a sus intereses. En particular le damos mucho énfasis en rescatar todo el patrimonio intelectual latinoamericano. Entonces, desde el punto de vista del autor, democratiza el acceso a ese bien cultural, permitiendo dar a conocer la creación de los innumerables. Y del puto de vista de la población en general también democratiza el bien cultural que es el libro, que es tratado no como una mercancía sino como un bien social. Y con los bajos precios y tirajes masivos se está contribuyendo al pensamiento crítico, a liberar las conciencias, a dar un acceso masivo y democrático al conocimiento. En algunos casos se han realizado ediciones de un millón de ejemplares, por ejemplo, de El Quijote y Los miserables, que se distribuyeron gratuitamente. Todo esto va acompañado de un plan nacional de lectura y de la creación de bibliotecas comunitarias.  
Aparte de de las ediciones masivas de libros ¿Cuáles dirías que son los logros más importantes de Ministerio del Poder Popular para la Cultura?
 Si bien no existía ministerio de la cultura hasta ahora, si había unas instituciones que se ocupaban de la cultura, que tuvo sus antecesores en otras instituciones, pero ¿cuál fue el resultado del trabajo de esas instituciones? Que toda la producción cultural y las posibilidades de participación se concentraban sólo en Caracas, entonces había una caraqueñización de la cultura, una concentración de la cultura en la capital. El resto del país estaba desasistido en cuanto a la producción y acceso de los bienes culturales. Hoy eso no ocurre, y en todos los estados del país y municipios hay presencia del ministerio de la cultura y posibilidades de participar. Se reorganizó la institucionalidad cultural y fue pensada para cubrir todas las instancias de producción de bienes culturales. Creo que eso ha sido un logro muy importante, cuyos resultados los estamos viendo hoy, por ejemplo, en el renacer del cine venezolano, en la música y producción de libros.  
En el caso del cine había un fondo que con el cual una vez al año se hacía un concurso o se designaba dedo unas ayudas para que un productor pudiera hacer una película. Y hasta allí llegaba la intervención del Estado, ahora se ha creado la Villa del Cine, así no sólo hay financiamiento sino que hay una estructura que permite al cineasta producir una cinta en todas las etapas que implica una filmación. Se crea también una distribuidora de cine que se encarga de presentar las cintas a nivel nacional y en los festivales internacionales. Este mismo ordenamiento no solamente está en cine, también está otros géneros artísticos. Lo que nos permite una distribución e intercambio con otros países. También se han creado salas de cine comunitarias, administradas por la propia comunidad. El ministerio las provee del equipo y las películas.  
Los museos es otra área donde se está trabajando con ahínco, y aunque ha sido más lento el proceso se trabaja en un nuevo programa de museos regionales que antes no existía. En el caso de la música se crea el Centro Nacional del Disco, donde se adquirieron estudios de grabación de última tecnología. Lo que ha sido un gran logro para difundir el trabajo de los músicos que recién comienzan.  
¿Cómo han reaccionado las entidades privadas ante esta democratización de la cultura desde el Estado? Especialmente en cuanto al libro se refiere.    
No se han opuesto frontalmente, tampoco el hecho de que se estén publicando y vendiendo libros a tan bajos precios han hecho que ellos bajen sus precios. Las editoriales privadas se concentran en un nicho muy particular, que es un nicho integrado por clase alta y media alta, sectores que además están muy alienados y lo que publica el ministerio son libros que ellos no van a leer porque los consideran subversivos o no les prestan ningún interés.  
El ministerio ha desarrollado acercamientos con otras culturas ¿Cómo ha sido ese proceso?
A través de los convenios culturales, que se han ampliado gracias a las relaciones internacionales de Venezuela, se han logrado muchas cosas. Tenemos relaciones con prácticamente todos los países del mundo, sin tener que estarle pidiendo permiso a nadie sobre con quién nos podemos juntar o con quién no. Entonces, a través de los convenios culturales se está comenzando a trabajar mucho en el intercambio. Libros que antes eran muy difíciles de conseguir en Venezuela, por ejemplo, producidos en Vietnam u otros países del Asia, hoy se están editando en Venezuela. Lo mismo con los países árabes. Vamos paso a paso, pero con quien esto está bastante desarrollado es con América Latina y con los países del ALBA. Incluso se ha creado una editorial del Fondo Cultural del ALBA. La idea es que también exista una distribuidora del ALBA, que ha sido uno de los problemas fundamentales, la comunicación entre nuestros pueblos. En Latinoamérica se producen cosas extraordinarias, pero falta que se conozca en todos los países. 
¿Dónde se encuentra funcionando esta editorial del ALBA?
 Está básicamente en Cuba y Venezuela, que es donde se está publicando. Ya cuentan con unos quince títulos y se pueden encontrar en diferentes ferias del libro a las que asisten Cuba y Venezuela. Eso sí falta aún integrar a más países en la producción y coordinación de esta iniciativa. 
Hacia el futuro ¿Qué proyectos tienen en mente en el ministerio?
 Hemos pasado por varias etapas. Lo primero, en el 2005, cuando se creó el ministerio, fue darle una institucionalidad orgánica. Luego nos hicimos cargo de cubrir todos los procesos de producción cultural para asegurar que no haya cuello de botella, porque nada haces al editar cien mil libros, por ejemplo, y si después no sabes como hacerlos llegar a la población. Así que ahora vamos a trabajar en la creación de redes culturales, de artesanos, de músicos, etcétera. En el caso de los escritores se han montado imprentas regionales administradas por redes de escritores y funcionan muy bien. Entonces esa experiencia se quiere llevar a las otras artes. Que el Estado provea la infraestructura y la parte técnica y que sean los propios cultores agrupados en redes lo que administren. Eso va a permitir multiplicar la democratización de la cultura. También apoyamos los Consejos de Cultura de los Consejos Comunales que se están creando por todo el país. El pueblo debe ser el protagonista principal en todo esto. Debemos descolonizarnos mentalmente, fueron muchos años de pensar que la cultura era sólo para las elites. Incluso se reflejaba hasta en el lenguaje porque lo que hacía el pueblo se le calificaba de folclore, no era cultura, cultura eran las bellas artes solamente. Y se veía e lugares muy especiales donde solo tenían acceso ciertos sectores.    

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