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Hinchadas argentinas: ni fascistas ni antifascistas, peronistas

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Por Matias Turiaci - Historiador argentino em 19 de agosto de 2026

Hinchadas argentinas: ni fascistas ni antifascistas, peronistas

Bandera con imagen de Cristina Fernández de Kirchner en Partido de Sacachispas, foto de Gabriel Palladino, marzo de 2019.

Desde fines de la década del ´70 y comienzos de los ´80, las tribunas del fútbol europeo se convirtieron en un espacio de expresión de los posicionamientos políticos de muchos de los hinchas que comenzaron a organizarse y conformar grupos, construyendo de esta manera una subcultura tanto adentro como afuera de la cancha. Como señalaba Phil Thornton  (2003) en una Inglaterra gobernada por Margaret Thatcher, muchos jóvenes llevaron la violencia social a la tribuna de los clubes de su barrio y desde ahí trasladaron su forma de vivir el fútbol al resto de Europa a la par de que sus equipos o su selección jugaba en el exterior. El fenómeno de los casuals británicos y la violencia que desplegaron cada fin de semana en los estadios empezó a ser un tema de índole nacional en el Reino Unido y principalmente, los medios de comunicación comenzaron a hacer foco en estos grupos a los que denominaron hooligans.

Sin embargo, la violencia en los estadios de grupos organizados no solo se daba en territorio británico, sino que el fenómeno se fue amoldando a las realidades de otros jóvenes europeos que conjugaron esta costumbre de ir a la cancha y alentar al club de fútbol de su barrio o ciudad con las disputas políticas de la sociedad que integraban.

Es desde entonces que surgieron diferentes grupos de ultras, como se empezaron a denominar a estos hinchas en Italia y España, que comenzaron a construir su identidad y a diferenciarse de otros, no sólo a partir de los colores de su equipo y la rivalidad deportiva, sino también desde la posición tomada en la dicotomía entre el fascismo y el antifascismo. La disputa comenzó a darse en el sentido político de la tribuna tanto como el resultado deportivo. Un ejemplo claro de esto es lo sucedido en España donde Borja Bauzá (2024) analizó el origen de muchos de estos grupos a lo largo y ancho de su país y realizó una reconstrucción de cómo tanto sectores de la ultraderecha como del antifascismo comenzaron a insertarse en las tribunas y a utilizarlas como espacio de expresión política.

Hoy en día, muchos de los enfrentamientos violentos que se dan en diferentes competencias nacionales e internacionales en el continente europeo responden a disputas relacionadas al posicionamiento que toman los grupos más radicalizados. Partidos entre equipos que deportivamente nunca tuvieron una rivalidad histórica, incluso algunos que se jugaban por primera vez, terminaron en contiendas mortales por el simple hecho de que sus hinchas más radicalizados respondían a ideas políticas enfrentadas como las de izquierda y de derecha.

Mientras este proceso se da en tierras europeas, resulta interesante plantearnos dentro de qué parámetros podemos encasillar a las barras argentinas en esta disputa entre fascismo y antifascismo que se en muchas hinchadas europeas. Para eso, primero hay que señalar que el fenómeno de las barras en la Argentina nace ajeno a cualquier tipo de influencia de lo que podemos llamar el hooliganismo europeo, por lo tanto, es necesario cuestionarse si la disputa política entre izquierdas y derechas responde a las realidades del fútbol argentino.

El gran escritor Arturo Jauretche, referente del pensamiento nacional y popular en Argentina y autor de grandes obras como Los profetas del odio (1957) y El medio pelo en la sociedad argentina (1966), señalaba que analizar procesos de una realidad nacional con categorías europeas es parte de lo que él define como la colonización pedagógica. Jauretche quien se caracterizó por su lenguaje sencillo y sin pretensiones, ejemplificaba con el ejemplo de un sombrero lo que muchos intelectuales realizaban al ser parte de este proceso de colonización. Al igual que las categorías de análisis de los sectores dominantes, si el sombrero existe, sólo se trata de adecuar la cabeza al sombrero, que éste ande o no, es cosa de la cabeza, no del sombrero. Por lo tanto, ¿es necesario analizar las barras argentinas dentro de la dicotomía fascismo y antifascismo?

Peronismo y resistencia en las canchas

Hace 80 años en Argentina surgió el movimiento popular más trascendental de la historia del país. Estudiado por propios, ajenos, nacionales, extranjeros, de derecha o de izquierda con la intención de definirlo y encuadrarlo, nosotros vamos a señalarlo como un movimiento nacionalista popular, que por propia definición se posicionó en una tercera vía anti-imperialista, en un contexto de la política internacional polarizado entre el capitalismo estadounidense y el comunismo soviético. Con el objeto de defender los intereses nacionales y principalmente, los de los sectores populares históricamente relegados, el peronismo sostuvo la premisa de obtener la independencia económica y la soberanía política para alcanzar la justicia social.

Tras un golpe de Estado llevado a cabo por militares nacionales, en 1943 se puso fin a la “Década Infame”, un período de la Historia Argentina que comenzó en 1930 con el primer golpe militar que derrocó al presidente Hipolito Yrigoyen, iniciando una etapa de gobiernos conservadores, sostenidos por el fraude electoral. Dentro de esos militares que irrumpieron en el poder, comenzó a destacarse la figura de Juan Domingo Perón, quien promovió leyes y políticas laborales que mejoraron notablemente las condiciones de vida de los sectores populares, los cuales lo eligieron como presidente en las elecciones de 1946, situación que se repetiría en 1951 como en 1973.

La irrupción del peronismo a la política argentina generó que las categorías políticas tradicionales se vieran desbordadas por este fenómeno de masas por lo tanto la oposición al gobierno de Perón estaba integrada por sectores y partidos políticos que bajo el análisis tradicional estarían por decantación enfrentados y nunca integrarían una alianza. Pero justamente el golpe de Estado militar que puso fin al segundo mandato constitucional de Perón fue apoyado por un variopinto conjunto de partidos y ciudadanos de izquierda y de derecha. Una izquierda y una derecha que compararon al gobierno popular desde una visión simplista con los fascismos europeos de entreguerras por su personalismo y cierta censura a sectores opositores, pero que, desde ese golpe en 1955, como alianza proscribieron, persiguieron, encarcelaron y fusilaron a peronistas, prácticas propias de un modelo autoritario y fascista. Por lo tanto, desde ese momento, con el líder en el exilio y con un sistema democrático débil atravesado por constantes dictaduras, el peronismo se convirtió en un movimiento perseguido, pero al mismo tiempo, de resistencia popular. Y esa resistencia que se iba a dar en las calles, en las fábricas, en las universidades, también iba a llegar a las tribunas.

El 24 de marzo de 1976 dio comienzo la última dictadura de la historia política argentina. Encasillarla solamente en una dictadura militar sería recortar la responsabilidad de amplios sectores de la sociedad que fueron cómplices y partícipes de un estado que sistemáticamente cometió crímenes de lesa humanidad, un genocidio que implementó la desaparición forzada de personas, asesinatos, violaciones, torturas y la apropiación de menores. En ese sentido, lo sucedido en Argentina se enmarcó dentro de un contexto de dictaduras similares en toda Latinoamérica, donde las fuerzas armadas contaron con el apoyo en conjunto de amplios sectores civiles como empresarios, la Iglesia y el poder judicial.  Entre esos sectores cómplices obviamente estuvo la derecha más rancia de la política argentina, pero también otros sectores que se presumían antagonistas permanecieron acríticos antes las atrocidades cometidas. Pese a ser una dictadura anticomunista, la Junta Militar nunca rompió relaciones con la Unión Soviética, lo que le permitió al Partido Comunista Argentino no ser intervenido al igual que otros partidos políticos de “centro-derecha”. Pese a esta relación, un gran número de militantes de izquierda fueron víctimas de este proceso, aunque no la mayoría de ellas.

El gran enemigo de la dictadura, que implementó un modelo económico neoliberal y dependiente del capital extranjero, fue el peronismo por su carácter de movimiento nacional y popular. Las principales víctimas de los crímenes cometidos por los militares fueron militantes sociales, trabajadores, estudiantes y sindicalistas identificados con los ideales peronistas. El peronismo era la identidad política mayoritaria de la clase trabajadora argentina y de sus organizaciones sindicales, por lo tanto, la identidad a desarticular para aplicar un plan de ajuste salarial, desindustrialización y financiarización de la economía. Por lo tanto, al ser el movimiento perseguido, gran parte de la resistencia a esta dictadura va a ser una continuación a la que diferentes sectores del peronismo venían sosteniendo desde el golpe de Estado a Perón de septiembre de 1955. Entre estos sectores, algunas hinchadas que ya tenían una cierta identificación con el peronismo van a formar parte de este proceso de resistencia.

Paula Bonomi y Julieta Sahade (2008), integrantes de la Comisión Provincial por la Memoria de la Provincia de Buenos Aires, se encargaron de reconstruir una de las expresiones de resistencia en un estadio de fútbol durante la última dictadura a partir de un hecho llevado a cabo por la barra de Huracán. En este club de Parque Patricios, barrio del sur de la ciudad de Buenos Aires, históricamente relegado pero que se había consolidado como zona fabril y, en consecuencia, como barrio obrero, ya en el año 1973 sus hinchas entonaban: “Lo dice el tío, lo dice Perón, hacete del Globo que sale campeón”, en referencia a la campaña electoral que llevaría a Héctor Cámpora a la presidencia y permitiría el regreso de Juan Perón luego de 18 años de exilio. Por lo tanto, no fue casual que el 16 de mayo de 1976 en cancha de Estudiantes de La Plata en la tribuna visitante que ocupaban los hinchas de Huracán, se desplegara una bandera que decía Montoneros, grupo que hegemonizaba la tendencia revolucionaria del peronismo. También estaba planeado mostrar una pancarta que decía Videla asesino, en referencia al presidente de la junta dictatorial pero que no se concretó debido a que la policía comenzó a reprimir, generando corridas, avalanchas y el asesinato por una bala de un hincha de Huracán: Gregorio Noya, que estaba en la platea junto a su hijo.

Otro de los hechos emblemáticos de resistencia peronista en un estadio de fútbol fue el que sucedió el 24 de octubre de 1981 en la cancha de Nueva Chicago, club del barrio de Mataderos, también del sur de la capital argentina y lugar de la histórica resistencia obrera en el Frigorífico Lisandro de la Torre, en enero de 1959, que contó con una activa participación no solo de los trabajadores sino también de los vecinos. En este acontecimiento también sucedido durante la última dictadura, hay que destacar que el estadio de Chicago está al lado del complejo habitacional Los Perales, formado por más de mil departamentos construidos durante el primer gobierno peronista, por lo tanto, muchos de sus hinchas estaban identificados con el peronismo. Es por eso, que ese día al reconocer la presencia de Lorenzo Miguel, histórico referente peronista y líder sindical de los obreros metalúrgicos, quien había sido liberado luego de permanecer preso por la dictadura, la hinchada decidió darle la bienvenida entonando la Marcha Peronista. El periodista Santiago Ballatore Nisembaum, en una de las notas que realizó el sitio web El Destape el día 17 de octubre de 2025 en conmemoración a los 80 años del peronismo, se encargó de entrevistar a varios testigos de este hecho quienes confirmaron que todo el estadio se plegó al cántico, incluso la hinchada de Defensores de Belgrano, equipo visitante. Obviamente, esta situación terminó con represión policial y con la detención de varios hinchas de Chicago que fueron encarcelados por varias semanas bajo la ley impuesta de una dictadura que de a poco empezaba a tambalear.

La unión de la hinchada de Defensores de Belgrano no fue un hecho casual, un militante de la Juventud Peronista la lideraba. Luis González, apodado “El Tintorero”, como reconstruyó Andrés Burgos (2026) también fue parte de una demostración política que también incluyó a la barra de River Plate. El Tintorero, días antes de que River reciba en el estadio Monumental a Boca Juniors en el marco de un Superclásico, le preguntó al capo de la barra de River, Rubén “Matute” Coppola, si durante el partido podían exhibir una bandera con un mensaje en contra de la dictadura y a favor de una huelga general convocada para el 22 de septiembre de 1982 por la Confederación General de los Trabajadores, la central sindical más importante y las 62 Organizaciones, otra estructura sindical peronista. La respuesta fue positiva. Fue entonces que, cuando los equipos salieron a la cancha de aquel partido, la bandera que decía «Luchar es participar y movilizar. Luche y se van. El hambre no espera. El 22 a Plaza de Perón» colgó del Monumental unos pocos minutos, los que tardó la policía en quitarla, mientras los hinchas locales como los visitantes cantaban al unísono la marcha peronista.

Las hinchadas argentinas en democracia

Con la vuelta de la democracia, el peronismo definitivamente acaparó las canchas del fútbol argentino. Tanto en los clubes más importantes como Boca y River como en los más pequeños de las divisiones de Ascenso, a lo largo y ancho del país, la figura de Perón, Evita y el movimiento peronista se vio representada en canciones, banderas y pintadas. ¿Por qué la mayoría de las hinchadas argentinas toman al peronismo como signo político identitario?

Boca y Perón un solo corazón. Foto publicada por @32nacho12 en x.com

Leales a nuestras banderas (imagen de Juan Domingo Perón y de Evita. Publicada por usuario de Instagram @losborrachosdeperon

La socióloga Alcira Argumedo (2006) planteaba que los diferentes puntos de vista acerca de las formas de procesamiento y evolución de la conciencia social, de las mentalidades, del sentido común, tienen importantes connotaciones en la formulación de los proyectos políticos y se vinculan estrechamente con el problema de la representatividad y el consenso, el pluralismo y la construcción de hegemonía. En este sentido, las mentalidades y el sentido común son entendidos como expresiones culturales y modos de pensar y actuar característicos de diferentes sectores sociales situados en un contexto nacional e histórico. Las principales fracciones de una sociedad tienen una mentalidad y sentido común propios que son las concepciones más difundidas de la vida y la moral entre ellas. Esas mentalidades de las diferentes fracciones se entrelazan, en su mayoría, en una forma de ver y vivir la vida que comúnmente llamamos «cultura», y es precisamente de esa confluencia de mentalidades de donde termina configurándose la cultura dominante o hegemónica de una sociedad. En caso contrario, cuando esa confluencia no se produce, la cultura termina siendo impuesta desde arriba por una o un par de minorías, tal como sucedió durante las últimas dictaduras de nuestra región.

En el caso de las hinchadas de los clubes argentinos, analizar el desarrollo de este proceso de construcción de mentalidades y sentido común que realizan los hinchas y la injerencia que puede adoptar en ello su historia familiar, su barrio, su música, su trabajo, entre otros factores, nos puede acercar a los modos de pensar y actuar de un sector de la sociedad que se identifica con el movimiento peronista. Más teniendo en cuenta lo planteado por Argumedo en cuanto a que los patrones socioculturales contienen valores e impregnan las experiencias vitales que tiñen los comportamientos de la vida diaria y las orientaciones políticas, tanto de las clases populares como de los grupos privilegiados. Por eso, la cancha actúa como escenario de las expresiones culturales que generan las mentalidades y el sentido común, las cuales, pese a que se encuentran en contextos políticos más globales, cobran caracteres peculiares en los distintos espacios y situaciones dentro de las que se procesa la práctica de los sujetos sociales, con sus propios modos de conocimiento y de relación.

Para Argumedo, las mentalidades, el sentido común, la conciencia social, se van desarrollando alrededor de al menos dos condicionantes fundamentales que se entrecruzan e influyen en su evolución:

“Por una parte, la situación existencial de los sujetos sociales ante el mundo que los rodea y condiciona; por otra, las tradiciones y mandatos culturales, las identidades y los modos de percibir el mundo, el lenguaje, los códigos y los significados transferidos por las generaciones precedentes que intervienen en los procesos de socialización. Es preciso, por lo tanto, considerar la situación presente, las prácticas y las circunstancias en las cuales actúan los sujetos sociales mientras las transforman y a su vez son transformados por ellas. Pero también los hilos genealógicos, los antecedentes culturales de esos comportamientos en términos de valores sociales mediados por las influencias familiares y el entorno cotidiano.”

 Siguiendo la perspectiva de Argumedo, para entender las mentalidades y el sentido común de las hinchadas argentinas tiene que ser fundamental enfocarse en las expresiones culturales de los hinchas dentro de un estadio, siendo la tribuna ese espacio de construcción simbólica tan característico del fútbol argentino. También, las etapas de acosos represivos o económicos agudos, los momentos de alza de las resistencias y las luchas de oposición son, junto a otros factores, elementos de las experiencias de las clases populares que condicionan y reorientan los contenidos sustanciales de las mentalidades y de la conciencia social. En este sentido, con los ejemplos mencionados durante la última dictadura, se pudo ver cómo fue en la experiencia en algunas hinchadas argentinas.

Más cercano en el tiempo, otro fenómeno de posicionamiento político que se vio en las hinchadas argentinas fue durante la última etapa de gobierno neoliberal del presidente Mauricio Macri, cuando a comienzos del año 2018, la hinchada de San Lorenzo en un partido frente a Boca Juniors, club al cual el mismo Macri presidió antes de meterse en la política nacional, comenzó a cantar: “Mauricio Macri, la puta que te parió”. Este tema rápidamente fue replicado en la mayoría de los estadios del fútbol argentino como crítica a las políticas llevadas a cabo por el gobierno nacional, convirtiéndose en todo un fenómeno popular. Es para destacar que, en el 2017, hinchas de All Boys y Defensores de Belgrano, ya les habían cantado a sus rivales de la provincia de Córdoba una canción similar que decía: “Votaste a Macri, la puta que te parió”, haciendo alusión al gran porcentaje de votos obtenidos por el macrismo en esta región que en los últimos años se consolidó como un bastión de la derecha argentina.

Sacachispas, club de Villa Soldati, barrio del relegado sur de la ciudad de Buenos Aires, es un ejemplo de lo que fueron las políticas sociales del primer gobierno peronista ya que su creación se da a partir de la participación de un grupo de chicos en el primer campeonato de fútbol infantil Evita de 1948, organizado por la Fundación Eva Perón, a los cuales el estado nacional les brindó los terrenos e instalaciones para que pudieran concretar su sueño de tener un club de fútbol. Ese origen ligado al peronismo y a las clases populares se manifestó durante gran parte de su historia a través de sus hinchas, quien se refieren a si mismo como los Villeros, como reivindicación y valorización a su clase, pero también es un término que arrastra un sentido peyorativo hacia los habitantes de los barrios precarios. Jugando siempre en las divisiones del fútbol de Ascenso, la hinchada de Sacachispas llevó la canción contra Macri a un escalón más, convirtiéndola en bandera y colocándola en el medio de los paravalanchas. Para ese mismo período, lo sucedido en este club se lo puede encuadrar en lo que Argumedo menciona como «espíritu de distinción» de las mentalidades populares, cuando se expresan múltiples rasgos rebeldes y contestatarios. En momentos donde el movimiento peronista sufría una afrenta por parte de los sectores opositores hegemónicos y una persecución judicial con notorios casos de lawfare, en Sacachispas aparecieron dos banderas alusivas a la ex presidenta y líder del peronismo, Cristina Fernández de Kirchner, una con su imagen la cual decía “no me arrepiento de este amor” y otra con la leyenda “Cristina volvé”, con los tradicionales colores lila y blanco que identifican al club desde sus inicios.

Camiseta de Sacachispas con rostro de Perón, Facebook MuseoLila, año 2017.

 

Bandera de Perón en partido de Sacachispas, foto de Gabriel Palladino, 30 de abril de 2017.

Ideas finales

Como respuesta al disparador de este trabajo sobre cómo se pueden categorizar las hinchadas argentinas dentro de la dicotomía derecha/izquierda o fascistas/antifascistas hay que entender que muchas veces las categorías de análisis social están dentro de grandes corrientes de las ciencias humanísticas y sociales intrínsecamente vinculadas con proyectos históricos y políticos de vasto alcance, por lo que siempre están preñadas de política aun cuando pretenden ser portadoras de una inapelable objetividad científica.

En ese sentido, es necesario señalar que, en otras partes de la región y del continente, la única expresión política que suele reconocerse claramente como de izquierda dentro del fútbol es la del antifascismo militante de ciertas hinchadas. En cambio, en la Argentina, esas categorías aparecen reorientadas y hasta desbordadas, política y socialmente, por el peronismo dentro del fútbol. A diferencia de lo que ocurre en otras partes de Sudamérica, donde la politización del fútbol suele bajar desde arriba hacia abajo y termina, por eso mismo, atomizándose en pequeños grupúsculos antes que, consolidándose como una identidad popular compartida, en Argentina la identificación con un partido político se da como un sentido común.

Por eso, siguiendo la idea de Alcira Argumedo, buscamos reconocer una matriz propia, autónoma, de interpretación de los fenómenos sociales, una matriz de carácter nacional y popular que recupera la visión de los que no tienen voz en las corrientes teóricas hegemónicas, reivindicando sus experiencias, sus identidades, sus valores y sus patrimonios culturales. Por lo tanto, la intención de este análisis es entender que las hinchadas argentinas como identidades construidas en el devenir histórico también pueden ser categorizadas respondiendo a una matriz propia. Esto no escapa a que el peronismo pueda ser analizada bajo los esquemas tradicionales de la política internacional o del posicionamiento en relación al fascismo.

Tras analizar algunos casos puntuales pero que sirven para ejemplificar un fenómeno mayor, podemos concluir que las hinchadas argentinas en los últimos años adoptaron una identificación con el gran movimiento popular argentino, el peronismo. Las prácticas y las expresiones dentro de los estadios que se dieron y que continúan, están intrínsecamente relacionadas con el alcance popular del fútbol en Argentina. En consecuencia, si el fútbol es el pueblo y el pueblo es peronista, el fútbol también va a ser peronista.

Bibliografía

Argumedo, A. (2006). Los silencios y las voces en América Latina. Notas sobre el pensamiento nacional y popular. Buenos Aires: Ediciones del Pensamiento Nacional.

Bauzá, B. (2024). La tribu Vertical. Una historia de los ultras, hooligans y otros grupos radicales del fútbol español. Madrid: Libros del K.O.

Bonomi, P., & Sahade, J. (diciembre de 2008). Dossier de documentos. De lo secreto a lo público. Una tardecita de fútbol, episodio de represión durante un partido entre Estudiantes de La Plata y Huracán, rememorado por un sobreviviente. Revista Puentes(25).

Burgos, A. (2026). Este es el famoso River. 125 años. Historias desconocidas de títulos, jugadores, camisetas, hinchas, banderas y canciones. Buenos Aires: Planeta.

Jauretche, A. (1973). Política nacional y revisionismo histórico. Buenos Aires: Peña Lillo Editor.

Jauretche, A. (2011). Manual de zonceras argentinas. Buenos Aires: Corregidor.

Jauretche, A. (2015). Los profetas del odio y la yapa: La colonización pedagógica. Buenos Aires: Corregidor.

Thornton, P. (2003). Casuals: Football, Fighting & Fashion: The Story of a Terrace Cult . Londres: Milo Books.

Turiaci, M. (2024). Sacachispas, la historia del primer club peronista. Buenos Aires: Fútbol Contado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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