El capital nos controla hace siglos, no el celular

9 de Abril de 2021, por Piero Quijano


Cuando aparecieron los celulares, no estaban tanto en manos de bomberos ó médicos, sino principalmente en las de ejecutivos que alegaban comprar o vender a gritos, en ostentosas y teatrales caminatas. Parecía hecho exactamente para ese fin…de la historia. Más adelante, en un grupo cualquiera estacionado en la luz de una bodega, alguien recibía una llamada/invitación para una fiesta, por ejemplo. Ya hacía más sentido.

Mis viejos llegaron a usar el botón verde para hablar y el rojo para colgar. Para lo demás estaba la computadora y después la laptop; en su caso, textos e internet básicamente. Pero ya había gente hablando sola en calles y autobuses, con algo parecido a un hisopo en la oreja. Tiempo más tarde, solamente hablaban los más viejos: los adolescentes solamente miraban los aparatos y resolvían asuntos en silencio o se ponían de acuerdo para encontrarse tal vez a mirar de nuevo los aparatos, lado a lado. La música a todo volumen ya había tenido su hora. El sonido era ahora un acuerdo secreto que recorría catacumbas acústicas.

Se había vivido sin celular mucho tiempo. Incluso sin teléfono fijo en casa. Se hacía filas para insertar una ficha en un teléfono publico que a veces solamente las tragaba. Se envidiaba a gente que uno veía hablándole a un auricular soñado mientras miraba por la ventana-otra actividad casi desaparecida. 

Para la policía hoy es casi más importante que el DNI, quizás más que el propio ADN, quizás ya lo reemplaza. Es como el espejito/polvera de las mujeres, la novelita de cowboys que alguien leía apasionadamente de pie en un microbús zigzagueante, la radio a pilas de los porteros a la entrada de los edificios. Si tanto se clama que Rockefeller, Soros y los illuminati quieren controlar el mundo plano y lo que pensamos, se podría decir que llegaron segundos. Pues ya el mundo está controlado desde hace algunos siglos. Y el aparato (y a través de este las corporaciones de comunicación que monitorean las llamadas redes sociales y las apps) ya controla a los menores de 80 y descarta a los mayores, en tiempo y dedicación, señalamiento de ubicación, gustos, gastos, opinión, privacidad, y explotación de diversos recursos del planeta. Pero no se puede señalar esto de alguna manera crítica, ni una forma de controlarlo. 

Es como esa voz bien pensante que siempre decía: si eres de izquierda por qué no vives en una barriada? Hoy con previsible sonido de robot. 

Si se plantea reducir la sobreproducción de tecnología con caducidad programada para ser prontamente reemplazada, ó la sobreoferta de automóviles y la consiguiente sobreextracción de combustible fósil ,y otras estrategias que arruinan el suelo, el agua y el aire, se aduce que ese mismo cuestionamiento se hace desde una plataforma cibernética mediante una laptop o un celular, y que usarlo y poseerlo, o tener un automóvil para cada miembro de la familia, hace parte de los derechos democráticos de la población. A los buenos nos tienen agarrados con ese maldito argumento, diría Felipe de Mafalda. 

Pero es un falso dilema. La vida no ha mejorado porque estemos inmediatamente comunicados. Ni siquiera la pandemia se pudo combatir porque se usara zooms o trabajo a distancia. Lo miramos suceder, a través de una pantalla (ni siquiera por una ventana), lo vemos por tv, como se dice de los equipos que no clasifican o bajan a segunda.