Agustín Cueva y el Socialismo del Siglo XXI

28 de Março de 2018, por René Báez

Agustin Cueva
Agustin Cueva

El régimen que encabezó autocráticamente Rafael Correa entre los años 2007 y 2017, tributario del pensamiento económico keynesiano, careció de los elementos teóricos necesarios para la comprensión objetiva del proceso histórico global que ha inducido a América Latina a la encrucijada socioeconómica e institucional en que actualmente se debate, encrucijada particularmente compleja en países como el México de Peña Nieto, el Brasil de Michel Temer, la Venezuela de Nicolás Maduro, el Puerto Rico de Ricardo Rosselló o el Ecuador del ambiguo Lenín Moreno.

El capitalismo periférico: clave del llamado subdesarrollo

Aludimos, en concreto, al desconocimiento de dos entradas analíticas que el riguroso marxista Agustín Cueva las formuló en su estudio “El desarrollo del capitalismo en América Latina y la cuestión del Estado” (1980).

En relación a la primera, concerniente a la racionalidad general de ese modo de producción, dejó escrito:

El desarrollo del capitalismo en las áreas subdesarrolladas y dependientes no está regido por leyes “específicas”, distintas de las que gobiernan cualquier desarrollo capitalista. Lo cual significa, entre otras cosas, que no existe ley alguna que impida la reproducción ampliada del modo de producción capitalista, y por tanto de sus contradicciones, en esta región del mundo. La pregunta sobre si puede haber “desarrollo” en América Latina es, por consiguiente, una pregunta carente de sentido. Está claro que, visto en su conjunto, el capitalismo viene desarrollándose en América Latina a ritmos incluso superiores a los de otras áreas integrantes del sistema, y que, en términos “sociales”, nuestras estructuras de clase continúan evolucionando en una dirección cada vez más capitalista... (De todo lo cual) no puede desprenderse, sin embargo, la conclusión de que el desarrollo del capitalismo en América Latina ocurre de manera exactamente idéntica a la de los países imperialistas.  Las condiciones históricas, tanto internas como externas, son distintas, y ellas han determinado y siguen determinando modalidades específicas de desarrollo del modo de producción capitalista en América Latina... (1)

¿Qué quiso significar Cueva con aquello de modalidades específicas?

Esencialmente que la situación de subdesarrollo/subcapitalismo como la que prevalece en la región expresa sobre todo una condición estructural y, por lo mismo, tiene que interpretarse por la existencia de un patrón productivo de creciente predominio capitalista, aunque siempre subordinado a viejas o nuevas potencias que bloquean la repetición en estas latitudes del capitalismo de tipo clásico.

Expuesto con otras palabras, para la economía política marxista, el llamado subdesarrollo no sería sino la consecuencia de una particular relación entre el capitalismo central con sus áreas periféricas, relación que ha institucionalizado una suerte de acumulación originaria permanente, que opera generalmente a favor de las metrópolis y del capital monopólico, condición que, por contrapartida, galvaniza un capitalismo de rapiña para las naciones/regiones coloniales o neocoloniales.

Semejante conexión básica, propiamente estructural, termina por cristalizar desequilibrios sectoriales de productividad, la existencia de mano de obra barata, la proliferación de un parasitismo que se oculta detrás de la llamada tercerización o informalización de la economía, etc., etc.

En la segunda premisa, congruente con la anterior, el autor en referencia critica la tesis del capitalismo nacional autónomo, planteamiento elaborado y promovido por la CEPAL entre los años 50 y 60 del siglo pasado como medio de sustentar los intereses de las burguesías más evolucionadas de la región. Estrategia que, como sabemos, fue liquidada por la acción de sanguinarias dictaduras que se implantaron especialmente en el Cono Sur. En forma más cercana a la comedia que a la tragedia, algo similar aconteció con el frágil proyecto desarrollista/intervencionista/industrializante que impulsara en nuestro medio el general Guillermo Rodríguez Lara (1972-1976), beneficiario del primer boom petrolero.

A ese respecto, y en alusión a la coyuntura latinoamericana de la década de los 70, el académico compatriota apuntaba:

Imaginar... que el capitalismo (mundial) pudiera favorecer aquí la creación de economías nacionales autónomas resultaba tan iluso como pensar que ese mismo desarrollo sería capaz de suprimir las especificidades de cada formación nacional, con sus peculiares ritmos históricos y sus también particulares constelaciones de contradicciones. De suerte que nada tiene de sorprendente el hecho de que, al mismo tiempo que América Latina ha seguido un curso de acelerada imbricación de sus economías en la nueva fase del desarrollo del capitalismo mundial, haya igualmente experimentado un proceso de desarrollo extremadamente desigual de cada entidad nacional... Y es que, si de una parte existe una economía mundial de la que sin duda somos integrantes, de otra parte no existe una formación económica y social capitalista mundial, sino una “cadena” compuesta de múltiples entidades nacionales. (2)

Si, como pensamos, ambas proposiciones analíticas revelan realidades históricas indiscutibles, no es menos cierto que la teoría-práctica del neoliberalismo -o su sucedáneo, el intervencionismo pro capitalista (también reprimarizante y extractivista)- buscara sobre todas las cosas retomar y profundizar el desenvolvimiento apendicular de las economías regionales.

El ADN del Estado rentista

Conforme a la injustamente soslayada teoría marxista, el subdesarrollo/subcapitalismo presupondría entonces y esencialmente la dominación y expoliación externa/interna concertada entre el capital corporativo internacional y el poder político/económico de oligarquías y/o burguesías librecambistas nativas, ideológicamente alineadas con proyectos de modernización refleja y apariencial de nuestras sociedades, tanto si se alinean con las directrices del Consenso de Washington o si lo hacen con el (auto) denominado Socialismo del Siglo XXI.

Como quiera que sea, el aludido esquema económico-político se traduce internamente en la conformación de dos clases sociales básicas: la lumpenburguesía y su contraparte proletaria o subproletaria, dependientes ambas del ciclo del capitalismo global.

A este último respecto, cabe recordar que tipifica a la lumpenburguesía su desinterés por la promoción de genuinos procesos de modernización y su vocación por el lumpendesarrollo, entendido éste como un proceso centrado en producciones primarias -agrícola, petrolera o minera- destinadas al mercado internacional y con una escasa capacidad de generación de valor agregado, empleo y bienestar social.

Los estados rentistas administrados por tales oligarquías o criptoburguesías -asistidas por las tecnoburocracias de turno- se empeñan en profundizar los nexos subalternos con viejas o nuevas metrópolis a través de mecanismos diversos: construcción de infraestructura física y energética, reformas funcionalizantes de la educación y la salud, programas asistencialistas para “los de abajo”, etc. Desde luego, fracciones sustantivas del excedente económico retenido por el Estado/cliente se orientan a pagar la deuda externa (el “tributo imperial”), a la ampliación del aparato administrativo y represivo del Estado y a la importación de bienes suntuarios destinados a “embellecer” la vida de los estratos altos e incluso medios de los países anfitriones del capital privado o público metropolitano. Y por cierto y no en último lugar, a solventar una venalidad cada vez más desenfrenada y sistémica.

Una consecuencia fundamental del lumpendesarrollo es su innata incapacidad para proveer de trabajo estable a la mayoría de la población económicamente activa, lo cual la convierte en terreno fértil para expansión de capas subproletarias y lumpenproletarias, caldo de cultivo de caudillismos mesiánicos de derecha o de “izquierda”.

En la confusa hora política que soporta paladinamente el Ecuador “correísta”-“morenista”, y que ha hecho rebrotar la consigna ¡Qué se vayan todos! del Abril “forajido”, nada aparece más urgente que recuperar el legado intelectual de eximios ecuatorianos/latinoamericanos como Agustín Cueva Dávila y Bolívar Echeverría.

 

Notas.

(1) Cf. Agustín Cueva, Autoritarismo y fascismo en América Latina, Centro de Pensamiento Crítico, Quito, 2013, pp.13-14.

(2) Ibid., pp. 14-15.

(*) René Báez es Ex decano de la Facultad de Economía de la PUCE. Autor de Antihistoria Ecuatoriana y miembro de la International Writers Association.