Por una geografía desde abajo

21 de Setembro de 2018, por Carlos Walter Porto-Gonçalves

Povos originários em luta sempre
Povos originários em luta sempre

 

Siempre que se habla de la vida de las personas y de su pasado, como se hace en las presentaciones de su curriculum vitae, siempre queda una idea de autoridad y parece que no hay dudas, que no hay angustias y no me gusta eso. Hablo de la duda permanente sobre todo porque hay una ilusión en nuestro medio académico, una ilusión que es una presunción de objetividad que confunde con la autoridad, en que la autoridad está investida de neutralidad así que es preciso hacer una separación entre esas dos cosas. Ser objetivo no es necesariamente ser neutro.

En ese sentido quiero hablar de las cosas que no aparecen cuando uno hace nuestro curriculum vitae y que conforman nuestra autoridad/objetividad. Soy hijo de obreros, nací y fui criado en un barrio obrero. Eso dice algo. Recién cuando me preguntaban porque mi interés por los temas del despojo recuerdo que en mi infancia y en mi niñez era muy común ver a la gente despojada salir, eso me movía mucho. No sé si eso entro en mi vida de una manera racional y ahora en mis trabajos racionalice esos temas. El hecho de vivir la experiencia de vida conforma la capacidad de sentir y pensar las cosas. En ese sentido el hecho de vivir la experiencia conforma la capacidad de pensar. En ese sentido el espacio que nos rodea ayuda a conformar nuestra subjetividad.

Hay un pensador colombiano que todos deberíamos leer, Orlando Fals Borda, quien hablaba de sentipensamiento, pensamiento que siente; recién Arturo Escobar sociólogo y antropólogo aunque de formación químico, también acaba de escribir Sentipensar con la tierra. Por lo tanto me parece que lo que caracteriza nuestra jornada crítica de debate entre nosotros es explicitar el lugar desde donde hablamos y eso va a proporcionar una conversación, una práctica con cierto nivel de objetividad, no es ignorando nuestro lugar, que no sea sólo discurso, es tomar nuestra experiencia. Tomemos un concepto que nos es caro, el de territorio. No debemos hablar de territorio como una metáfora, sin conflicto. Los diversos conceptos de la Geografía - Espacio geográfico, Región, Paisaje, Lugar, Territorio, por ejemplo – se sobreponen, como es de la naturaleza de la constitución de los campos de conocimiento. Todavía, hay distinciones entre eles e eso que da sentido a los diferentes conceptos. El concepto de territorio tiene como eje epistémico las relaciones de poder a pesar de otras dimensiones que tiene, como la territorialidad que es el sentido que un determinado grupo social empresta simbólicamente a sus prácticas en un espacio definido, e de ese modo que dialoga con el concepto de paisaje e lugar. Sin embargo, se no vamos tratar de disputa por el control del espacio, de los recursos, no hablemos de territorio.

Hace tiempo que tengo un interés particular en desarrollar y tratar un concepto que es el concepto de conflicto. Es un concepto tradicional de las Cs. Ss. en sentido estricto, pero yo estoy tratando de analizar el conflicto a través de la geografía. Es un concepto extremadamente rico, primero que todo conflicto se da en torno a una cosa determinada que, todavía, es significada de distintos modos por los diferentes grupos. Siempre ocurre en un lugar determinado. Todo conflicto siempre tiene como mínimo dos lados, y tiene por lo menos dos posibilidades de interpretación antagónica. Entonces el concepto de conflicto es extremadamente rico, el lugar del conflicto es un lugar extremadamente vivo y eso me parece fundamental sobre todo cuando nos ponemos en esos conflictos al lado de los grupos subalternizados. Por qué digo esto? Porque si estamos buscando de algún lado justicia, dignidad, equidad, libertad, entonces queremos una ciencia con conocimiento comprometido y la mejor manera de ser objetivo es posicionarse, y sobre todo posicionado a partir de ese punto.

Porque queremos una ciencia, un conocimiento que nos plantee posibilidades de ampliar nuestro horizonte de libertad, justicia, equidad. Por ese motivo comprendo el conflicto desde muy temprano, cuando tuve la fortuna de leer un historiador marxista poco ortodoxo, Edward Thompson, inglés, que decía que en la expresión lucha de clases, la lucha es que debe tener relevancia y no la clase; desafortunadamente lucha de clases representa la expresión de un pensamiento que privilegia la clase y no la lucha. Todavía es en la lucha, en los conflictos, que los lados se definen, los lados son la clase, ahí la gente se clasifica. Para Thompson, la clase se forma en la lucha, en fin, en la lucha es que los lados se definen. La lucha es conflicto.

Entonces esta es la premisa de donde parto, mi presupuesto. Estoy convencido que nosotros, a partir de la condición que nos colocamos, nosotros que trabajamos con el espacio, tenemos un enorme desafío que puede ser traído a nosotros por la sociedad como un todo. Yo pienso que hoy en día no es posible ser un geógrafo/a mediocre, hoy tenemos un desafío; si tomamos un libro de economía habla de regionalización, globalización, localización, fronteras; uno de sociología lo mismo. Por tanto hoy en día el tema espacial, el tema territorial está en el tapete, está en la agenda. Y eso significa que la geografía es un tema de interés social e no solamente de los geógrafos o que es excelente para nosotros, pero aumenta nuestras responsabilidades. Por eso digo que no hay más lugar para geógrafo/as que no tenga una visión amplia do que está implicado en la geografía.

Hay un geógrafo italiano gramsciano, Máximo Quaini, que escribió dos excelentes libros: La constitución de la Geografía Humana y Marxismo y Geografía. Infelizmente hay poca tradición en América Latina de la geografía marxista gramsciana, él decía que la profesión del geógrafo formalmente es del siglo XVI, en 1554, ¿y que era en ese entonces el geógrafo? era un funcionario del rey para hacer mapas. Pienso que hasta hoy en día los geógrafos estamos para hacer mapas para el rey, la mirada nuestra es la del Estado que nos parió, una mirada desde arriba, ve al espacio como un afuera, como se fuera un espacio vacío. Esa es una diferencia epistémica de la Geografía que tiene diferentes tendencias: la hegemónica, siempre hablando de la lógica desde arriba e otras posibles, desde abajo. Los geógrafos más allá de tener el espacio geográfico como obyecto de estudio tienen la organización del espacio como obyecto de deseo. Es como se cada geógrafo incorporase la voluntad del rey (del Estado) que nos parió que es quien tenía la prerrogativa de ordenar, organizar el espacio. De ese modo, a organización del espacio es más que un simple obyecto de estudio.

Hay una película de larga duración sobre Milton Santos, que se titula Encuentros con Milton Santos o la globalización desde abajo. La base de la película es una entrevista sorprendentemente maravillosa, hecha 6 meses antes de su muerte. Donde habla de cosas que no están en su obra, dice “todos nosotros somos indígenas”, los más subalternizados de los subalternizados. Hablaba Milton Santos de la lógica del capital y de la lógica de la estrategia de dominación, la película ayuda a ver esa globalización y al mismo tiempo ver otra de los procesos a través del cual la gente resiste a la globalización. Porque existe en mi concepción teórica, que como asesor de la película hice una contribución que me parece importante, con todas las críticas que se merece, de que debemos hacer un desplazamiento, de parte de la geografía, del espacio geográfico como la cosa sustantiva para aquel de grafiar la tierra, la geografía como verbo, que de hecho los grupos sociales marcan, significan, grafían la tierra. El desplazamiento de una razón objetivista hacia una relación del sujeto con el espacio, tiene un papel importante. En fin, la geografía de sustantivo a verbo. Es mi modesto aporte.

Entonces me parece que tener esa idea de que vivimos un momento de enorme cambio político y epistémico, expresión de Catherine Walsh, la gran cuestión que aparece en este cambio es la recuperación del espacio en el análisis social y político. Hoy nosotros como geógrafos tenemos el desafío de que el espacio ya no es cosa nuestra, por eso dije que ya no es posible hacer trabajos mediocres. Una contribución importante de la geografía crítica fue mostrar que los procesos sociales son al mismo tiempo procesos espaciales. Y no antes el espacio y después la sociedad, o antes la sociedad y después el espacio, no es sociedad y espacio eso es una disyuntiva, como se fuera sociedad de un lado y el espacio de otro, como se fuera una cosa u otra. Sociedad es espacio. No sociedad y espacio como disyuntiva. No tenemos una episteme capaz de ofrecer una relación de inmanencia espacio-tiempo; no espacio y tiempo. Establecemos exterioridades y de ahí establecemos causalidades; el espacio es producto social o la sociedad es producto espacial. Estas cuestiones están en la mesa. Nosotros los geógrafos tenemos un cumulo de reflexiones sobre este tema. Estamos en un momento teórico-político extremadamente importante.

Si tomamos por ejemplo la tradición del pensamiento crítico una de las ideas que me movilizo es el desafío de ver cómo recuperar la articulación de lo local con lo supralocal; como hacer las articulaciones supralocales sin que se vacíe los locales. Porque digo esto? Por ejemplo, cuando en 1989 cayó el muro de Berlín y después la Unión Soviética (1991) no es una simple cosa, se caya un régimen político que se inició en 1917 con la palabra de orden “todo el poder a los soviets”, y que eran los soviets? Eran las comunidades locales, los lugares se autogobernando; 72 años después no había ningún soviet ningún de eses locales para defender la Unión Soviética. Esta fue la razón empírica que me llevó a explicitar teóricamente la cuestión de la relación entre espacio y poder y sobretodo esas experiencias que fueron capaces de nutrirse del lugar como fuente de poder y luego vaciarlo.

Hay un poeta portugués Luis de Camões (1524-1579/80) que escribió “estamos navegando en mares nunca antes navegados”. Y cuando se navega en mares nunca navegados nuestros mapas no sirven para mucho. Esto en el siglo XVI era obvio comprenderlo, porque traigo eso para hoy? Estamos transitando un mundo en transformación, en un mundo nunca antes navegado, entonces si estamos navegando en un mundo nunca antes navegado para qué sirven nuestros mapas construidos en un mundo nunca antes navegado; para que sirven nuestros mapas cognitivos? los conceptos, las teorías, no están dando cuenta del mundo en transición, todo indica una transición de larga duración.

En fin, desde finales de los años 1960 y sobre todo desde 1989 se abre un momento que exige de nosotros mucha osadía política e intelectual, por los desafíos que se presentan, inclusive por las incertezas que a partir de entonces se colocan en el horizonte (utópico?) socialista. Estamos transitando una crisis profunda de un patrón de poder de larga duración (Quijano); esa es la magnitud de los desafíos teórico-políticos en la que estamos implicados, sobre todo cuando nos damos cuenta que se trata de la crisis de un patrón de poder/saber que impone una escala de poder mundializada por lo menos desde 1492. Estamos transitando una crisis de patrón de poder de larga duración. Es extremadamente importante que tengamos en cuenta la cuestión del espacio-tiempo. O sea estamos en un período distinto del colonial, en que la colonialidad continúa después del colonialismo. A ver: como continuamos pensando los negros, los indios, en fin al otro? Brasil tiene 305 etnias, es el país más indígena de América y son pocos los brasileños que toman eso en cuenta. Entendemos que Brasil es el país más indígena por lo número de pueblos y etnias, no demográficamente.

Se trazan carreteras, se instalan represas, se blanquea el territorio, tenemos un territorio blanco, que no tiene nada que ver con los pueblos. Eso tiene que ver con una episteme, con una visión colonial que persiste con la misma visión del colonialismo. Entonces tenemos una crisis de un patrón de saber/poder que nos gobierna desde hace 500 años, que autores como Giovanni Arrighi denomina “caos sistémico” e que tiene dos pilares: un capitalista e otro pilar territorialista. Entramos en un período de caos sistémico nos dice también Imannuel Wallerstein, sociólogo norteamericano, que explicita que esa crisis del patrón va a comenzar a finales de los años 1960. Él dice que la revolución de 1968 termina con la caída del muro de Berlín en 1989. Nos ha alertado sobre los dilemas que enfrentan los movimientos anti sistémicos, sobre todo después de 1960. Nos llama la atención sobre el mapa de los regímenes políticos del mundo en los años 1960 que mostraba varios movimientos políticos que en algún momento de su historia se colocaron como anti sistémicos, ocupando el Estado centralizado: la socialdemocracia, en la mayor parte de los países europeos; los comunistas en Europa Oriental, en China y en Cuba; y el nacionalismo revolucionario, en gran parte de Asia, África y en América Latina.

La estrategia de conquistar el Estado para, en un segundo momento y a partir de ese lugar de poder privilegiado, cambiar el mundo a partir del poder estatal. La llamada estrategia de los “dos pasos” (Wallerstein, 2008)2, comenzaba a mostrar sus límites. Según Wallerstein, el primer paso ha sido dado. Tomar el poder centralizado vuelve al raciocinio de la cuestión espacial, tomar el poder central y que prácticamente llego al poder en casi todo el mundo, entonces, estamos en una crisis sistémica incluidas las estrategias que se han presentado como anti sistémicas. Y no hay que sernos ingenuos como si el Estado centralizado no tuviera importancia pues desde ahí tenemos el neoliberalismo que se ha apoderado del Estado centralizado para imponer el interés de las corporaciones sobre el interés de la gente. La concentración de la riqueza gano proporciones jamás vista en la historia desde entonces. Luego, nosotros que valorizamos el lugar, la autonomía de las comunidades, no debemos ser ingenuos como si el Estado e la centralización no tuviera importancia. Ese es el desafío teórico-político con implicaciones espaciales que me parece claro: ¿cómo hacer las articulaciones supralocales necesarias sin vaciar los lugares y la gente que siempre vive en lugares?

Milton Santos ya nos alertó que “el espacio es acumulación desigual de tiempos” (Santos, 1996) así como Anibal Quijano que también habla de esa idea de varios tiempos de larga, de media e corta duración que operan todos al mismo tiempo. Es necesario para nosotros que vivimos en este continente que llamamos hoy América/Abya Yala que hablemos de los tiempos ancestrales. Empezar la historia, nuestra formación geográfica a partir de 1492 ya es una forma de invisibilizar a mucha gente. Por tanto la periodización no es neutral. Tomar 1492 como referencia es negar la existencia de comunidades anteriores, por ejemplo en la cuenca de la Amazonía hay comunidades de una antigüedad de 11.200 años de presencia/ocupación, hay comunidades de la formación Chiribiquete en Colombia que ahí habita a 17000 años. Desde cuando tiempo tenemos ocupación? Como decía Enrique Dussel el descubrimiento de América en verdad ha sido un encubrimiento del otro.

Hay una bellísima contribución de Francisco Varela y Humberto Maturana (chilenos) que dicen “no hay vida sin conocimiento”, vida incluso en sentido animal, los animales conocen. Todo ser vivo por definición es un ser incompleto. La incompletitud de lo humano, de lo vivo. Esa dimensión de la presencia humana en la Amazonía, es una vida de conocimiento que se esconde. Si está vivo tiene que saber adecuarse a las circunstancias. A veces se confunde aquel que habla de la cosa con aquel que sabe de las cosas; hacer es saber, saber o que comer, saber curarse, saber habitar, saber convivir. También hay algo muy interesante en esto - luego lo retomaré- y es que hay un paradigma científico que también está en crisis, que separa las cosas, y en geografía sufrimos con eso: Geografía Física por un lado, Geografía Humana por otro; esa separación de las ciencias naturales y ciencias sociales; esa separación es parte del problema que la humanidad se enfrenta hoy. Esas poblaciones de la Amazonia viven en la Amazonia antes del bosque. Ese bosque tiene una antigüedad de 12000 años, desde el cambio climático de la última glaciación. Antes de 12000 años la Amazonia tenia básicamente sabanas (vea Mapa). O sea ya tenía gente antes del bosque. Esa gente co-evoluciono con el bosque. Hoy hablan de defensa de la naturaleza sacando la gente que nos ha dejado un legado maravilloso: saberes, sabores, por tanto profundo conocimiento.


Recuerdo una frase de Boaventura de Souza Santos que dice “la peor herencia del colonialismo ha sido el desperdicio de la experiencia humana”. Los modos de comer, de habitar, de curar, de convivir, caracteriza cualquier sociedad de manera propia; con el colonialismo (y la colonialidad) nada tenemos que aprender del otro eso es, simplemente se comete un epistemicídio; eso da cuenta del occidente, de un colonialismo que la primera cosa que hace es inferiorizar al otro, por tanto desperdicia experiencia humana. Nadie coloniza quien es igual, la condición para colonizar es antes inferiorizar al otro. Estas son cuestiones de fondo, hoy estamos viviendo los efectos o los éxitos de ese sistema perverso que descalifico otros saberes, en nombre de su ciencia, su tecnología. Miremos bien: no son sus defectos eventuales de ese sistema que se impone al mundo, son las virtudes de un sistema que colonizó el mundo, cometiendo epistemicídio, como se nada tuviéramos que aprender del otro. Estos son temas de fondo que si vamos a pensar cómo articular eso -porque tenemos una idea de cómo se constituyó el Estado, como se constituyó el territorio - tenemos que colocar la geografía específicamente sobre estos temas.

Para recapitular, ese “caos sistémico” lo denominan Giovanni Arrighi e Imannuel Wallerstein y Aníbal Quijano llama crisis del patrón/poder que nos gobierna hace 500 años. Entonces aparece la dimensión territorialista y una dimensión capitalista del sistema mundo moderno-colonial; hay una contribución muy importante de Aníbal Quijano que dice que el capitalismo se constituyó desde 1492. Yo acompaño Aníbal Quijano por una razón, soy brasilero y podemos experimentar desde el siglo XVI las primeras experiencias de agro negocios del mundo. Por qué hablo de agro negocios? Porque en esa época no exportábamos caña, Brasil no exportaba caña, exportaba azúcar es decir un producto manufacturado. No exportábamos materia prima sino productos manufacturados en una época en que los ingenios de azúcar eran la tecnología más moderna que el mundo conocía. Europa no tenía ingenios, los ingenios estaban aquí. Somos modernos hace 500 años!

La modernidad tiene carácter colonial, junto con el trabajo esclavo, junto con la monocultura, quien en aquel entonces hacía grandes extensiones de tierra con monocultura?, nadie lo hacía antes de la época moderna y colonial. Entonces la monocultura era una técnica de poder obligando al otro hacer una gran extensión de cosas que no eran para él; no era una técnica agrícola simplemente era una técnica de poder, sin dudas política. La modernidad tenía trabajo esclavo con tecnología de punta. Llama la atención de ese ethos modernista de las elites siempre queriendo desarrollo tecnológico, nosotros siempre tuvimos desarrollo tecnológico, el problema es cómo nos enseñaron a ver nuestra experiencia, eso es la colonialidad del saber, la manera como nosotros entendemos nuestra propia experiencia. Nos miramos desde Europa en el mundo e desde arriba, no desde el mundo del Sur e desde abajo. Es una mirada del mundo que se cree desde ninguna parte del mundo, como se fuera atópica; pero no estamos en cualquier lugar para hablar del mundo estamos en América Latina, y no es un lugar cualquiera. Tomo como referencia lo que era Europa en el siglo XV. Era marginal al circuito comercial que pasaba por Oriente. Cuando Europa pasa a ocupar la centralidad que tiene? Ocupa la centralidad solamente con el encuentro con América/Abya Yala. Es con la explotación de América que Europa va a afirmarse económicamente, políticamente y culturalmente; por lo tanto no puede entenderse Europa sin América. América no tiene un papel marginal sino subordinado pero protagónico. Todo gira alrededor de Europa pero es un sistema que se constituye como sistema jerárquico, como sistema mundo capitalista moderno-colonial. La periferia produce el centro que produce la periferia. Hay que ver el mundo como mundo e no ver el mundo con una mirada eurocéntrica que calla os lugares, las regiones e sus pueblos e gentes. Hay que dejar el mundo hablar, que el espacio como un todo, con sus regiones e lugares, hablen.

Aníbal Quijano afirma que ese sistema mundo es una heterogeneidad histórico-estructural. No hay una génesis única, hay varias génesis. La experiencia del capitalismo en América/Abya Yala tiene varias cualidades en varios lugares; el metal de Potosí, por ejemplo, sabemos que los europeos no venían a sacar oro y plata solamente, había una tradición metalúrgica muy desarrollada en el mundo andino, se apropiaron de eso y de otras cosas más. En los espacios sagrados de Cuzco, por ejemplo había 10.000 tumbas enterradas con ornamentas de oro y plata. Los europeos en nombre de la civilización desenterraron todos los muertos para sacar oro y plata de los sepultos para llevar a Europa. Por lo tanto ahí hay algo de fantasma en el origen del capitalismo.

Cuando Aníbal Quijano habla de la génesis del capitalismo que desde el inicio surge con trabajo esclavo buscando acumulación de capital, o sea, América Latina tiene su capitalismo no con trabajo asalariado. Se organiza la producción, entra en un circuito de desarrollo, con trabajo esclavo, con monocultivo, con tecnología de punta. Todo eso para qué? Para la acumulación de capital. Entonces es necesario hablar del capitalismo no desde una visión eurocéntrica que, como vemos, no da cuenta del capitalismo verdaderamente existente. Se habla de la lógica del capital y no del capitalismo histórico, como hablan Imannuel Wallerstein e Fernand Braudel que nos hablan de un capitalismo histórico y no de un modo de producción capitalista.

Volviendo, una de las características del sistema mundo es el capitalismo, la acumulación del capital, la otra dimensión es colonial; esa dimensión colonial tiene una componente racista, la racialidad es un elemento constitutivo del sistema mundo. También el patriarcado, no se puede entender la clase obrera sin el papel de la mujer, la que cría la prole; quien cría la prole es parte del proletariado. La plusvalía del varón obrero no se puede entender sin que consideremos quien labora para crear sus hijos, su prole. Entonces no se puede entender el proletariado sin la mujer, van juntos como nos enseña Silvia Federici en su libro El Caliban e las Brujas. Hay que pensar el proletariado, más allá de las fábricas, lugar de la producción, también con los lugares de la reproducción. La conciencia de clase obrera hay que incorporar concretamente el cuerpo de las mujeres, válgame la redundancia.

Hay algo que ya mencione, es el componente epistémico que separa el hombre y la naturaleza, la ciencia natural de la ciencia social; en esa separación se va a establecer ese sujeto hombre y naturaleza objeto y la relación se establece por separación y relación de dominación. Se olvida que en esa separación se está instituyendo nuevos paradigmas, pero los paradigmas no caen del cielo, los paradigmas son instituidos en procesos históricos. Entonces si el paradigma entra en crisis, no es crisis del paradigma solamente es crisis de los procesos históricos, crisis de las relaciones sociales e de poder que instituyeron ese paradigma. Entonces la separación hombre - naturaleza no es una cuestión epistémica, es una cuestión de reforma agraria, es la relación del hombre con la tierra. Que hizo el capitalismo? Despojo la gente de la tierra; o sea no es una separación simplemente epistémica: es epistémica y política, por esa separación el hombre quedó como mercancía y la naturaleza también y toda la producción quedo en una medida abstracta de la riqueza, el dinero. Cuál es el límite del dinero? el límite son los números, y cuál el de los números? ninguno, no tiene límites.

Lo que está aconteciendo hoy, el caos sistémico, la crisis epistémico-política, que es el cambio climático sino exactamente eso? una ciencia que quiere dominar la naturaleza por medio de una incesante acumulación de capital y creen que no hay límite para eso. Si miramos el mercado internacional de cada 10 dólares que circulan por año, 9 dólares no producen nada: es puro dinero haciendo dinero. El dinero dejo de ser una unidad de cuenta para ser él mismo mercancía. Hoy se hace dinero con dinero e de este modo el ganar dinero se abstrae de la mundanidad de las cosas que deben servir a la gente. Se pasó a confundir la riqueza con la medida de la riqueza. Hay un obstáculo cognitivo que debemos superar: con capitalismo es imposible una humanidad, que siempre es diversa, que se relacione con la naturaleza admitiendo que hay límites! Ese el gran obstáculo cognitivo que habremos que superar para que podamos tener un futuro a debatir. A final, como bien dice Federic Jameson, hoy en día es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo!

Está en curso hoy un proceso de lucha por la reapropiación social de la naturaleza, de retomar la capacidad de controlar esos mecanismos. De manera extremadamente errática, pues sabemos que hay una economía verde de mercantilización de la naturaleza, pero hay también una lucha de reapropiación, por ejemplo los campesinos de los bosques amazónicos brasileños, con las reservas extractivistas, los movimientos indígenas y sus consignas de “lucha por la vida, dignidad e territorio”. Hay un proceso de reapropiación de la naturaleza como un movimiento mundial fuerte. Ya no es tan fácil dominar la naturaleza como ha sido; ya no es tan fácil dominar los negros, las mujeres e indígenas, como ha sido. Por más que continúe la dominación. Hay un movimiento que resiste y que está en nuestras agendas políticas.

En el contexto de esa crisis es que se produce el giro espacial del conocimiento a partir de los años 60/70, en el que fueron fundamentales las contribuciones de Michel Foucault (1926-1984) y de Henry Lefebvre (1901-1991). El desplazamiento teórico-político provocado por el “giro espacial” tuvo la virtud de explicitar las relaciones de poder al dejar de entenderlas como algo centrado en el Estado pero inscripto en el conjunto de las relaciones sociales (Raffestín, 1982 en Por una Geografía del Poder) y así traer al centro del debate la relación espacio-poder.

Hay una contribución muy interesante de un historiador inglés, Pierre Anderson en su libro Orígenes del Estado Absolutista, donde explica la formación de los Estados europeos. La centralización del poder en torno a un soberano se hizo contra la explosión de las revueltas campesinas que crecían en Europa desde fines del siglo XIV, lo que llevó a P. Anderson a designar esa forma geográfica de organizar el poder, el Estado Absolutista, como Señorío Centralizado. Nótese que ese Soberano que organiza la Monarquía Centralizada se afirma subordinando el poder local donde los campesinos se imponían con sus revueltas contra los señores feudales, señores locales. De ahí la precisión teórico-política de P. Anderson al caracterizar esa nueva geometría del poder como Señorío Centralizado. Así el Estado territorial moderno no puede ser entendido fuera del contexto de las luchas de clases que lo engendró. Así el Estado territorial que emerge de la experiencia europea desde finales de la edad media es un Estado centralizado, donde el centro implica una jerarquía espacial, donde hay una ciudad capital que como tal es cabeza (capita) que comanda un cuerpo la patria (biopolítica; geopolítica). Desde entonces la jerarquía espacial fue consagrada y naturalizada definitivamente. Esta geometría es extremadamente interesante, es la geometría que nos parió.

Desde entonces hay un prejuicio de todo lo que es local, según la visión colonial del centro, mismo en el interior de las fronteras nacionales. Subyacente al Estado Nacional hay tensiones territoriales. El interior de las fronteras de los Estados abrigan múltiples formaciones societarias, y como esas formaciones no son abstractas, implican siempre modos propios de decir/hacer sus relaciones de apropiación de las condiciones materiales de la existencia, conformando otras/otros territorialidades-territorios. Todo Estado territorial está atravesado por un colonialismo interno que opera por medio de la descalificación de los propios modos de decir/hacer de cada grupo o clase social/etnia/nación subalternizados en el interior de las fronteras del Estado y que son vistos como no teniendo lenguas propias sino dialectos; como indolentes, prejuiciosos y atrasados. Entonces hay una geografía colonial en el interior de los países; eso está reventando hoy, estos temas se están reclamando, reivindicando hoy, me parece extremadamente rico y que tiene esa dimensión de la centralización del poder siendo contestada.

Por ejemplo en el interior de los países el desarrollo de las fuerzas productivas y su división social, técnica y territorial del trabajo muestra la necesidad de desarrollo de condiciones generales de producción, como por ejemplo, la organización del espacio geográfico por los Gestores, geógrafos incluso, para adecuarlo a las necesidades de las unidades privadas Capitalistas de producción, con mejores transportes, comunicaciones, energía, la circulación de la moneda para facilitar la fluidez y la disminución del tiempo de rotación del capital y así aumentar la productividad social total y la masa de plusvalía disponible a ser apropiada y acumulada. Desde el punto de vista geográfico emerge una racionalidad propia conformada por un lugar propio en la jerarquía/estructura social que ofrece un lugar destacado para la gestión de las condiciones generales de producción. Los establecimientos de las unidades particulares de producción, como las propiedades privadas de la burguesía, se distribuyen dispersamente en el espacio geográfico. La propia división del trabajo exige que esas unidades particulares de producción se comuniquen a través de las condiciones generales de producción. Se conforman así dos clases capitalistas en la medida que ambas viven de la extracción de la plusvalía: la de los Gestores y la de la Burguesía. La experiencia mundial muestra hoy dos vertientes del capitalismo, un Capitalismo Monopolista de Estado y un Capitalismo de Estado Monopolista. Un es el Capitalismo chino y otro es el capitalismo de hegemonía norteamericano-europeo. Uno de la hegemonía de los Gestores e otro de las Grandes Corporaciones privadas.

Que ocurre en América Latina, aquí se va a dar un “giro territorial”, yo diría una profundización del debate teórico-político que se va a dar sobre todo a fines de los años 1980. Si quisiera una fecha más significativa diría los años 1990, fecha extremadamente importante para nosotros los geógrafos latinoamericanos. Hay dos grandes marchas que salen de la Amazonia boliviana hacia La Paz y de la Amazonia ecuatoriana hacia Quito, y la sorpresa es que llevaban el mismo slogan: lucha por la vida, por la dignidad y por el territorio. Interesantísima esa consigna porque ya no es la libertad, igualdad, fraternidad de la Revolución francesa es otro léxico teórico-político; la cuestión de la vida dialoga con un tema que estaba también en el tapete de la ecología, pero lo hacen de una manera distinta, yo diría con la invención de un nuevo paradigma. En esa época yo trabajaba con los campesinos de la amazonia y decían no hay defensa del bosque sin los pueblos del bosque, por lo tanto no hay naturaleza por un lado y la gente por otro, como piensa la ecología del primer mundo. Por lo tanto politizábamos el debate de la naturaleza, y decíamos: no queremos tierra, queremos territorio; es querer tierra sobre la forma territorio, tierra con la significación propia de la vida. O sea con su forma cultural, todavía la cultura no es un concepto abstracto como en la tradición epistémica hegemónica, es la presencia con sus materiales en el territorio, entonces politizan la cultura, politizan la naturaleza, politizan el territorio. Con eso desnaturalizan el concepto de territorio, ¿que era el territorio hasta entonces? Era la base natural de un Estado, estaba congelado el concepto; ellos desnaturalizan y ponen en el tapete que en un mismo territorio tenemos tensiones territoriales, no hay territorio sin territorialidades, no hay territorios que no sean fruto de un proceso de territorialización, por lo tanto tensión, lucha.

Y con el tema de la dignidad que están diciendo? Que los respeten como son, la condición para la igualdad no es otra cosa que la manera diferente de poner el respeto por la dignidad propia. Por tanto están debatiendo la diferencia, pero no una diferencia abstracta. El respeto a la diferencia hay que enfrentar las relaciones sociales e de poder jerárquicas que hay en el sistema mundo capitalista moderno colonial falocrático.

En los años 70 me encontraba trabajando con los seringueiros, los extractores de goma elástica, de la Amazonia. Tenía que realizar un trabajo técnico cartográfico de demarcación de tierras que reivindicaban como suyas. Lleve unas imágenes satelitales, arme un mosaico. Yo no veía mucha distinción en la imagen nada, todo para mí era verde, todo igual, bosque puro continuo. Entonces busque gente del lugar. Observábamos el área en las imágenes satelitales en una sala. Yo no veía mucha distinción. En un determinado momento se detuvo un de los que participábamos del trabajo, un hombre viejo del lugar, mostro un árbol y dijo, aquí vive Chico, aquí Pedro, aquí José. Ahí empecé a ver lo que las imágenes no me mostraban. Entonces me pregunté: qué estoy haciendo yo aquí? Me repetí la pregunta y me di cuenta que estaba “grafiando la tierra” … “grafiando” ahí descubrí que “La geografía es verbo, no es un sustantivo. Ahí percibí que era posible hacer geografía desde abajo” e no una Geografía que hace mapas para el Rey, para el Estado y esto quería compartirlo con ustedes.

Muchas gracias por invitarme al V Congreso de Geografía de Universidades Públicas.

El texto reproduce la Conferencia inaugural del V Congreso de Geografía de Universidades Públicas
realizado entre el 23  al  26  de  Setiembre de  2015 organizado por  el  Departamento  de  Geografía
de  la  Universidad Nacional del  Comahue ,  Neuquén,  Argentina

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