Colómbia: efectos económicos del Paro Nacional

27 de Janeiro de 2020, por Carlos Martínez Becerra


O povo colombiano vem protagonizando lutas e manifestações gigantescas desde novembro de 2019. Aqui, uma análise do economista Carlos Martínez sobre como o governo deveria observar os protestos para melhorar o país.

Lo más visible en este momento es la afectación en el comercio, los eventos y eventualmente el turismo y lo más publicitado, el tema de Transmilenio en Bogotá y el transporte urbano en varias ciudades del país. La fuente de información que se han presentado los medios y algunas aproximaciones del Banco de Colombia, del banco de la República, de la Revista Semana y el diario El tiempo hasta el momento es la Federación

Nacional de Comerciantes, Fenalco. De manera que ellos hacen énfasis en el aspecto comercial; pero hay un aspecto que puede ser más significativo en el mediano plazo que es la modificación de las expectativas, no solamente de los consumidores y de los empresarios sino de los inversionistas.

Cuando las expectativas generadas por hechos sobrevinientes son negativas, como ocurre con el paro nacional, tienden a bajarse las expectativas de inversión por la incertidumbre generada, lo que se puede traducir en mayor desempleo. Esta situación se presenta en Colombia que, aunque ha mostrado un 3.3% de crecimiento económico con una muy significativa difusión nacional; debe informarse que también se tiene el tercer mayor índice de desempleo en la región. Si eso ocurre, la inconformidad social aumentará por el desempleo derivado. Entonces, es claro que el paro afecta el comercio, la inversión y el desempleo; pero eso también es un llamado de atención para revisar lo que se ha estado haciendo en política económica por parte del gobierno nacional y especialmente revisar el manejo de guerra dado a la movilización social.

El paro nacional es la oportunidad de ajustar la política económica. Si el gobierno hace una correcta lectura de los mensajes del movimiento social en desarrollo, en vez de demeritarlo y estigmatizarlo como si no ocurriera nada, pues no va a repetirse una oportunidad tan significativa para proyectar cambios en ámbitos pacíficos como lo han demostrado las diversas fuerzas sociales que han sido pacíficas.

Por ejemplo, antes del paro sí los medios hubieran preparado a la opinión pública para que el clima de receptividad por parte gobierno hubiera sido como oportunidad para esta reflexión sobre ajustes a la política económica necesaria para crecer con menores niveles de pobreza y menor desigualdad, la canalización de esta movilización hubiera sido tomada como un apoyo a la política de Estado incluyente. Pero desafortunadamente se hicieron anuncios apocalípticos y se prefirió anunciar el paro como una estrategia de fuerzas extrañas al país, desconociendo que cifras como que la corrupción entre 2016 y 2018 significó 18 billones de pesos de agravio para la economía nacional, frente al impacto inicial del paro de 1.5 billones que el gobierno está en proceso de aliviar con bajas tasas de interés. La eventual concesión de 3 días sin IVA, estímulo al empleo juvenil, devolución del Iva al 20% de la población más vulnerable y un aporte a la salud de pensionados equivale a 2.7 billones de pesos, no son propuestas resultado de eventuales negociaciones con los dirigentes del paro.

Para el Banco de la República, el impacto inicial del paro es equivalente al 0,2 del Pib con efectos en baja de consumo, incremento de la inflación por el proceso de devaluación del peso frente al dólar y la presión sobre el gasto público. La desinformación distorsionó el carácter pacífico del paro con frases de “Prepárense para el paro con rabia”, como si Colombia no tuviera dificultades para corregir. Se sustituyó el hecho económico y social por opinión pública alterada, como si tratara de la prolongación de la guerra por otros medios. Entonces demeritar lo que posiblemente podría ser una guía para modificar la política de Estado, en vez de canalizar la inconformidad se pretendió acabarla.

Sí no se canaliza en un ámbito de democracia económica, política y de derechos civiles pues no vamos a tener oportunidades de identificar todas las dificultades que cada sector y cada región puedan tener. Si los medios y el gobierno hubieran actuado con respeto frente a las peticiones del paro, se estaría en la construcción colectiva de un nuevo pacto nacional, porque si el miedo es el factor de gobernabilidad y la economía de guerra el método para facilitar alivios tributarios a los grandes empresarios, además de exenciones y elusiones tributarias, estaremos ignorando los postulados del acuerdo de paz y se abrirá de nuevo la ruta regresiva de la guerra.

Para un buen manejo del orden público en un ámbito de movilización social, es necesario entender que si hay convivencia ciudadana, si las inconformidades se pueden identificar y discutir en el ámbito democrático, sin convertir al contradictor en enemigo, el clima productivo del trabajador y del empresario, así como de las relaciones internacionales, va a Efectos Económicos del Paro Nacional generar condiciones muy positivas, que redundarán en el incremento de la productividad, del consumo y de las inversiones. Es un problema de conducir bien la nación, con los aportes creativos de toda la población y con un gobierno que sepa liderar esos procesos. El Presidente no sólo debe recibir orientación de los gremios en política económicas, es necesario que dialogue y negocie con las fuerzas vivas de la nación tomando en cuenta que para resolver los problemas reales de carácter sectorial y regional es más exitoso si hay participación de la población en la identificación de los problemas de carácter económico y social, paso necesario para resolverlos.

La conducción errática del movimiento social por parte del gobierno hace pensar que es conveniente una buena administración y gestión del conflicto. Es necesario que la opinión pública entienda que la Policía Nacional en cualquier parte del mundo civilizado, es fundamentalmente un órgano civil, que  procura y avanza en la construcción y consolidación de la convivencia ciudadana. Y la Policía está haciendo esfuerzos en la formación de sus miembros para que generen ese tipo de condicionamiento doctrinario, es decir que ellos puedan entender que son ciudadanos colombianos con uniforme y como ciudadanos con uniforme también debe interesarse por la correcta conducción de la economía. En igual sentido deben capacitarse las fuerzas militares.

Una disgresión en términos de los costos del paro tiene relación con el precio unitario de los artefactos utilizados por la policía Colombina en el control antidisturbios. De acuerdo con la revista Semana: una granada de mano 79.620 pesos, una granada de humo 84.194 pesos, dispositivo de luz 81.024 pesos, un dispositivo multi impacto 93.144 pesos y un dispositivo de aturdimiento 106.046 pesos. Sin embargo el costo mayor, está asociado con la ruptura del tejido social derivado de los excesos por el mal manejo de los protocolos que deben aplicarse a los movimientos sociales que son bien diferentes a los operadores en ámbito de guerra. Los cambios de doctrina necesarios para conducir la guerra y conducir la paz deben diferenciarse. Los operadores no pueden ser los mismos, sin previamente haber cumplido con la instrucción adecuada.

Los efectos económicos del paro no sólo debe ser preocupación de los comerciantes, no tendría por qué serlo, también de la gente que produce, porque muchas veces el comerciante compra lo que vende y no tiene las dificultades que tiene el productor como costos de todos los recursos utilizados para la producción y otra serie de elementos de carácter procedimental para competir en mercados imperfectos; entonces debe haber un ámbito de reconstrucción de todos los tejidos que han sido lesionados por la política económica, especialmente los asociados con el proceso creciente de endeudamiento que ha hipotecado el crecimiento económico del país.

Estos conflictos cuando se reproducen porque no se resuelven, no se ajustan y se dilatan, se generan ámbito de economía de guerra y retaliaciones y el país no saldrá de esa condición que ha sido un lastre para la sociedad en los últimos sesenta años. Aparte de este proceso dilatorio para procurar soluciones estructurales a los problemas estructurales y proponer soluciones de tipo paliativo como lo previsto con alivios en tasas de
interés para comerciantes pequeños y medianos que demuestren la afectación directa con un primer aporte de 130 mil millones de pesos por parte de Bancoldex y las promociones tipo black Friday, que de paso implantan un modelo de consumo compulsivo, es una solución
coyuntural que sirve para promover la venta de inventarios y los inventarios crecientes no son la mejor expresión de una economía dinámica.

El Gran San en Bogotá por ejemplo, se ha convertido en un gran mercado que genera más empleo que varias superficies comerciales conocidas y es proveedor de mercados de varias ciudades de Colombia y de fronteras, es una economía relativamente informal y efectivamente para ellos es importante salir de estos saldos, porque si no logran ahora en diciembre, será más difícil después.

En este contexto el consumo necesario es importante para fortalecer la actividad productiva y el salario real es muy importante para estimularlo. El tema es saber si Colombia en su ciclo económico está produciendo lo que está comercializando, porque las promociones de ventas pueden significar compras de productos importados que estarán dinamizando la demanda agregada de otros países en detrimento de la economía nacional, lo que se traduce, de nuevo, en afectación de los niveles de empleo, porque se sustituye producción nacional por producción extranjera, lo que naturalmente debe hacer parte de los ajustes necesarios. De otra parte dinamizar consumo con endeudamiento, incluidos bienes; pero también servicios como educación, salud y vivienda, se estará hipotecando el bienestar de la sociedad y muy seguramente el sistema financiero se verá robustecido; pero la población, especialmente la clase media se verá debilitada.