Ya lo sabíamos, pero qué cínico decirlo así

18 de Julho de 2022, por Rafael Cuevas Molina


Imagem tirada da televisão
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Un señor bigotón que parece sacado de la novela “Tom Sawyer” de Mark Twain, se sienta ante las cámaras de CNN Internacional y dice, con total desparpajo, que él ayudó a organizar golpes de Estado y que, contrario a lo que pensó que le estaba insinuando el entrevistador, no es nada fácil hacerlo.

El viejito, con pinta de bonachón, que corrobora el axioma que no hay que fiarse de la pinta de las personas, es uno de los halcones de Washington, que ha acompañado en calidad de asesor a varias administraciones comandadas por los republicanos, entre ellos los Bush padre e hijo, el inefable Ronald Reagan y al penúltimo de la cohorte de especímenes guerreristas que han ocupado la Casa Blanca, Donald Trump.

Se trata de John Bolton, que hace más o menos cuatro años metió las manos en Venezuela, y muy posiblemente también en Bolivia, para tratar de tumbar a los gobiernos de esos países. En Venezuela, impulsando la estrategia de poner como presidente “interino” al ya casi occiso Juan Guaidó y, muy posiblemente (y como complemento) organizando ataques, desembarcos y atentados, todo muy acorde con la forma como entiende el gobierno de los Estados Unidos que debe promoverse la democracia en el mundo.

En Bolivia, Bolton ha de haber hecho mancuerna con ese señor que se llama Luis Almagro para contribuir a que se desarrollaran los acontecimientos que culminaron con la salida de Evo Morales del gobierno y la llegada de la señora Jeanine Áñez, que arribó con ínfulas de dictadorzuela, seguramente envalentonada por los apoyos que personajes de este tipo le brindaban.

John Bolton dio sus declaraciones en el contexto de las investigaciones que lleva adelante el Congreso de los Estados Unidos de los acontecimientos del 6 de enero de 2021, cuando una turba enardecida por las diatribas del entonces presidente Trump asaltó el edificio del mismo Congreso.

Según Bolton, eso no fue un intento de golpe de Estado porque tal cosa implica una organización complicada que no se dio en los Estados Unidos, y eso lo sabe él, dijo, porque tiene experiencia al respecto. Le faltó decir lo que tan bien sabemos en América Latina, que, no habiendo embajada norteamericana en Washington, la probabilidad de un golpe se reduce considerablemente.  

Bolton pertenece a una clase política o establishment que trata con cinismo y sin el más mínimo tacto a sus vecinos latinoamericanos, y no se trata solamente de los republicanos, en cuyas filas milita, sino de todo el establishment, incluidos los demócratas. Recuérdese cuando John Kerry, a la sazón Secretario de Estado del gobierno de Barak Obama, catalogó abiertamente y sin rubor como “patio trasero” a América Latina en el Congreso. Seguramente esas expresiones y confesiones son la punta del iceberg de lo que piensa en privado de nosotros esta gente, y que a un lenguaraz como Donald Trump se le escapó cuando nos llamó bandidos asesinos y catalogó a nuestros países como agujeros de mierda.

En este contexto de faltas de respeto y falta de pudor es de resaltar la posición del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, quien de visita en los Estados Unidos esta semana ha reafirmado una actitud digna, de respeto mutuo, que es la que debería privar entre las naciones.