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Retornar a nuestras raíces

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Por IELA em 15 de janeiro de 2015

Retornar a nuestras raíces

Retornar a nuestras raíces
Por Hugo Blanco  – líder indígena peruano

16.12.2013  – ¡¡ Somos los pueblos indígenas quienes estamos en primera línea en esta lucha. ¿Por qué? Porque aunque nadie puede vivir sin los productos de la naturaleza, son los pueblos indígenas los más conscientes de que su vida depende de ella !!
Ataque a la naturaleza. En la selva se envenena el agua con la extracción de hidrocarburos. Se tala la selva amazónica para saquear la madera, para implantar la ganadería, para implantar las plantaciones de palma aceitera y otros biocombustibles, plantaciones de coca para la extracción de cocaína (por otra parte hay represión al uso indígena tradicional de la hoja de coca).
En la sierra la agresión a la naturaleza se da mediante la minería a cielo abierto que destruye montañas, roba el agua de la pequeña agricultura y la envenena.  También se roba el agua de la pequeña agricultura para hidroeléctricas al servicio de la minería.
La proyectada Hidroeléctrica de Inambari requiere el desalojo de miles de indígenas y otros campesinos de tres departamentos para construir una represa que dote de electricidad a Brasil.
Otra agresión a la naturaleza es la agroindustria que usa la técnica y la ciencia no en función del consumidor, sino de la ganancia de la empresa y nos envenena con transgénicos y productos químicos. Mientras el campesinado pobre usa fundamentalmente fertilizantes orgánicos, practica la rotación de cultivos y los cultivos asociados que son prácticas ecológicas, la agroindustria practica el monocultivo y el uso intensivo de agroquímicos: fertilizantes, insecticidas, herbicidas. Con eso mata el suelo, pero no le importa, pues luego se irá a otro país u otro continente a seguir matando el suelo.
Otro fuerte ataque neoliberal a la pequeña agricultura ha sido la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Por una parte favorece el cultivo agroindustrial de espárragos y alcachofas, que absorben mucha agua, para el mercado norteamericano. Los beneficios arancelarios no favorecen a la población pobre peruana sino a las grandes empresas multinacionales agroindustriales. Por otra perjudica al campesinado indígena productor de trigo y de harinas en general, pues no puede hacer competencia al trigo norteamericano producido por grandes empresas subsidiadas por su gobierno. Al campesinado pobre peruano nadie le subsidia. Esto ha bajado el nivel de nutrición de nuestro pueblo, cuya actual base alimenticia ya no son los nutritivos productos nativos: tarwi, qañiwa, kiwicha (amaranto), etc., sino fideos elaborados con trigo transgénico subsidiado de EEUU, que es lo más barato.
Si el pueblo peruano permite que el robo del agua expulse del campo al pequeño agricultor que le alimenta, pasará a ser nutrido por la “industria alimentaria” que nos llena de transgénicos y sustancias químicas nocivas a la salud. Es pues el interés directo de la población urbana, impedir que el agua sea robada a la pequeña agricultura.
Así, como dijimos arriba, continúa el modelo de desarrollo colonial implantado por Pizarro: Producimos lo que el amo de turno requiere, sin importar la población ni la naturaleza peruanas. Por la insaciable avidez de ganancias del capital multinacional el ataque es cada vez más fIero
Somos los pueblos indígenas quienes estamos en primera línea en esta lucha. ¿Por qué? Porque aunque nadie puede vivir sin los productos de la naturaleza, son los pueblos indígenas los más conscientes de que su vida depende de ella. En reconocimiento de esto es que la revista de los verdes de Francia se llama “Pachamama” (Madre Tierra en quechua) y los ecologistas catalanes usan ese mismo término con naturalidad.
Pero no es sólo el amor y la defensa de la naturaleza lo que nos une, los indígenas del mundo tenemos otros principios comunes:
“Los problemas de la colectividad, es la colectividad quien debe resolverlos”. En cualquier continente donde hay indígenas, hay comunidad indígena, una organización horizontal, democrática. En algunos países hay organizaciones de segundo nivel, comunidad de comunidades: El Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) en Colombia. Los indios Kuna en las islas de Panamá. Los municipios autónomos y los caracoles zapatistas.
Lo que se ha dado en llamar “el buen vivir”: La felicidad no se consigue con mucho dinero ni acumulando bienes, se logra viviendo satisfactoriamente.
El amor a los antepasados y a los descendientes. Elinor Ostrom, Premio Nobel de Economía en 2009, dijo que estaba muy agradecida a los indígenas norteamericanos porque le habían enseñado que piensan en la séptima generación y actúan hoy evaluando si su acción ha de beneficiar o perjudicar a ella. Esto se diferencia de la ética actual en que mucha gente sabe que sus nietos ya no tendrán agua pero no les importa.
El respeto a la diversidad. En la lucha amazónica del Perú se unieron diversas nacionalidades con múltiples lenguas. Esto es contrario a la intolerancia a la diversidad en que nos educa el sistema capitalista actual.
El hecho de compartir en diferentes continentes la misma ética, que es más fuerte en los pueblos más primitivos, nos hace pensar que fue la ética originaria de la humanidad.
En mi opinión la humanidad está en un dilema de vida o muerte: O retorna a su ética primigenia o fenece antes de 100 años.
El sistema capitalista está en su crisis final: Económica, ecológica, política, ética. Es segura su muerte. Lo que no se sabe es si morirá desplazada por la sociedad humana en su conjunto o morirá matando a toda la humanidad, incluidos los capitalistas.
Retornar a la ética primitiva no significa volver a la vida primitiva. La ciencia y la técnica que dejarán de estar al servicio de los grandes capitales y pasarán al servicio de la humanidad, dirán de qué beneficios de la civilización se puede continuar disfrutando sin poner en peligro la supervivencia de la especie.

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