Lenín Moreno y la vergüenza latinoamericana

16 de Abril de 2019, por Rafael Cuevas Molina


Algo se derrumba estrepitosamente ante nuestros ojos en el mundo. Una horda desbocada está siendo colocada en puestos de poder en los que se sienten con derecho para hacer las peores barrabasadas. Lo peor de todo es que, seguramente, hemos visto poco en comparación con lo que puede venir y que ahora se anuncia.

¿Los tenían escondidos, encerrados en alguna parte, que no sabíamos de su existencia? Pareció durante un tiempo que nos habíamos librado de esa raza de energúmenos, que habíamos dejado en el pasado esas vergüenzas, pero no, ahí estaban agazapados, escondidos o, tal vez, camuflados, haciéndose pasar por otra cosa. Por lo que no eran. Era, pues, gente que fingía, que engañaba, pero dispuesta a develar su verdadero rostro en el menor resquicio que tuvieran, cuando se sintieran seguros, acompañados por alguien o algo que los respaldara fuertemente.

Eso son Lenín Moreno, presidente actual del Ecuador, y Luis Almagro, secretario general de la OEA, dos personas escondidas en los pliegues del progresismo latinoamericano que, una vez en puestos de poder, hacen todo lo contrario de lo que decían y hacían antes.

Se puede entender que Jair Bolsonaro, un impresentable de toda la vida, un decidor de exabruptos, diga y haga lo que ahora dice y hace. De él y de sus hijos se podía esperar cualquier cosa, y estamos de alguna forma preparados para seguir presenciando el espectáculo chabacano que nos brindan.

Lo mismo se puede decir de Mauricio Macri, presidente de Argentina, de su incompetencia, de su cinismo; Macri es un inepto que sigue mintiendo mientras su país se va por el caño, en tanto la gente se empobrece mientras él dora sus escuálidas carnes en balnearios de lujo de acceso restringido. 

Es la era de los traidores y los cínicos. La era comandada por Mr. Trump, lo que ya es mucho decir, tal vez demasiado. Trump ha establecido una corriente, un modelo no de lo que debe ser un presidente, sino de lo que puede llegar a ser. Un modelo chocante en el que prevalece no solo lo más corrupto sino también lo más inepto. Lo que debería estar al margen, lo que debería esconderse con vergüenza.

Lo último que ha hecho este señor Lenín Moreno con Julian Assange es incalificable, da vergüenza ajena; aunque, pensándolo bien, no tan ajena. Somos nosotros, los latinoamericanos todos, los que seremos juzgados por la historia. La era del desparpajo cínico, del gobierno de los pequeños de espíritu. Ahí está él, tratando de justificar lo injustificable, pasando por sobre todo lo que debería disuadirlo de actuar como lo hace, y encima vanagloriándose.

Algo se derrumba estrepitosamente ante nuestros ojos en el mundo. Una horda desbocada está siendo colocada en puestos de poder en los que se sienten con derecho para hacer las peores barrabasadas. Lo peor de todo es que, seguramente, hemos visto poco en comparación con lo que puede venir y que ahora se anuncia.

La chabacanería y la prepotencia al poder, muera la inteligencia, al decir de los fascistas españoles