El arte de la política y los tres estratagemas del triunfo

24 de Julho de 2018, por Heinz Dieterich Stteffan

 


1. El Arte de la Política
El arte de la política, al igual que el arte de la guerra, tiene sus leyes de triunfo. Quién no obedece su mandato, naufraga. Contrario al sentido común, esas leyes (sociales) tienen una fuerza comparable a las del universo físico. Lo que varía es el tiempo de aplicación de su determinismo. El impacto de la gravitación, por ejemplo, es inmediato. En el mundo político, en cambio, las repercusiones de las formas patológicas de relacionarse con la realidad –dogmatismo, ignorancia, sectarismo, narcisismo, verticalismo extremo-- frecuentemente se manifiestan desfasadas en el tiempo: dependiendo del poder de las contradicciones en juego, particularmente, de la fuerza de las clases sociales y de los Estados involucrados. De todas formas, sólo permiten éxitos breves en la política. La pronta implosión económica-política del proyecto corporativo-populista de Trump, el desastre de la dictadura bonapartista reaccionaria de Maduro y el fracaso autocrático de Daniel Ortega-Rosario Murillo, son algunos de los innumerables ejemplos históricos respectivos.

2. Triunfo y Elasticidad
Los líderes y movimientos políticos tienen que ser conscientes en todo momento, que actúan bajo reglas superiores a sus propios deseos e intenciones. Tienen que subordinarse al macrosistema nacional y geopolítico, tal como un capitalista tiene que subordinarse a las leyes de la crematística (economía mercantil) de mercado. El control de las desviaciones subjetivistas mencionadas en la Realpolitik es esencial en la lucha para llegar al gobierno. Y sigue siendo esencial, cuando el sujeto de transformación, es decir, el flamante gobierno, se convierte en administrador de la Nueva Normalidad. Los decisores de la nueva ortodoxia (gobierno) tienen que seguir entonces la eterna lógica de la lucha por el poder: consolidar el triunfo temporal de la conquista con su estructuración institucional duradera. Eso por dos razones: a) el triunfo electoral deja intactos los poderes fácticos, entre otros, el gran capital, las corporaciones mediáticos, las Fuerzas Armadas y la hegemonía geopolítica (monroeísmo); b) esos poderes fácticos son elásticos (resilient) en el sentido de la física, es decir, tienen la propiedad mecánica de recuperar su forma original cuando se elimina la fuerza exterior que la altera.

3. Vanguardia igual a Centro
Los intentos de descarrilar al nuevo gobierno no sólo se activan desde la elasticidad reaccionaria de las élites desplazadas, sino también desde los conglomerados de biblioburros (intelectuales), oportunistas y movimientos con “infantilismo radical izquierdista” (Lenin), motivados en parte por narcisismo, en parte por intereses utilitaristas. En este polígono de  fuerzas, una vanguardia gubernamental contemporánea sólo puede constituirse, desligándose de la ultraizquierda y de la derecha. Esto es valido tanto en la Patria Grande capitalista, como en la China socialista. En la fase actual de defensa estratégica de la democracia en América Latina y hasta que se genere una fuerza de transición post capitalista y/o se disuelve el Imperio monroeista, la ecuación dominante de la praxis gubernamental es evidente: la posición de vanguardia es igual a la del centro. Se trata de la célebre aurea mediocritas de los romanos, o, en palabras del canciller alemán Bismarck, del “arte de lo posible”. Asumir esta posición no garantiza automáticamente el triunfo final del proyecto histórico iniciado. Pero es, sin duda, la condición imprescindible para iniciar la odisea hacia la nueva sociedad. 

4. Conquistar el Sol
La esencia de toda política es la lucha por el poder. En las sociedades de clase, el Estado es la principal fortaleza del sistema dominante, es decir, el centro de gravitación operativo de su dinámica y cohesión. Es el centro gravitacional operativo, porque el centro estructural lo constituye la clase dominante. Toda transformación real significativa requiere, por lo tanto, el control de ese centro operativo, aun cuando sólo es posible ocuparlo parcialmente. Una analogía astronómica ilustra didácticamente el problema. Para modificar la órbita de la tierra es necesario modificar el centro de masas del sistema, el sol, porque es el astro que regula su dinámica. No hay otra forma de hacerlo. Para la esfera política esto significa, que un actor que no quiere conquistar el Estado o, al menos, el gobierno --que es un subsistema del Estado-- no es un actor político serio, sino un simulador o iluso. 

5. Ladrando a la Luna
Pifias anarcoides, como que la “lucha por cambiar el mundo” no debe ser centrada “en la toma de poder del estado” (J. Holloway); anacronismos como demandar un gobierno de “obreros y campesinos” (algunos “trotskistas”); mistificaciones seudo-religiosas de la represión como “victorias de la mano de Dios” (R. Murillo) y los comic strips (tiras cómicas) sobre “caracoles” y “redes de redes”, divulgados por académicos oportunistas y mediocres, no son más que propuestas quijotescas que siembran ilusiones sobre las leyes de movimiento y la esencia de lo político. Se trata de avatares, que ladran a la luna para distraer del sol. Ardides de mercadotécnica pro domo (en beneficio propio) de una filosofía, política y “ciencia” social criolla castrada, que defienden franquicias y clientelas cautivas del mercado político.

6. El poder: llave del universo político
 No hay aspecto del universo físico ni social, que no esté dominado por el poder o la fuerza. Abstraer de esa propiedad universal del cosmos y no convertirla en centro de análisis de las sociedades de clase, hace imposible toda comprensión científica de la realidad. Su intelección (comprensión) mediante esta determinante universal es metodológicamente fácil con la  definición del poder hecha por Max Weber: “Poder es la capacidad de imponer su voluntad a otros, aunque sea en contra de la voluntad de ellos”. 

En la sociedad humana el poder existe en cuatro formas principales: la política, la militar, la económica y la cultural. La funcionalidad de cada una de esas modalidades del poder es específica: en la política se trata de coordinar y dirigir relaciones sociales; lo militar se refiere a la coerción y/o destrucción física del adversario; la razón de ser de la economía (capitalista) es la obtención de ganancias (plusvalor) y la función de la cultura es la integración/comunicación social. Toda relación humana contiene esas cuatro modalidades del poder (fuerza), aunque, generalmente, una de ellas predomina. Esa forma predominante define la clase lógica a la cual la relación social pertenece. 

Las cuatro modalidades o formas de poder son interactivas y la preeminencia de una forma de poder puede cambiar a otra, al cambiar las circunstancias en que la relación existe. Una relación de “amor” (cultural), por ejemplo, puede deteriorarse y convertirse en relación militar, es decir, caracterizada por la violencia física. Ese cambio cualitativo en las relaciones sociales en función del poder es semejante al “cambio de fase” en sistemas físicos y químicos y puede ser analizado con beneficio heurístico (de comprensión) en analogía a éstos.

7. Lo posible - Bismarck
Los tres estratagemas que todo movimiento, partido o líder político debe respetar para triunfar, se derivan de la praxis política (Bismarck), de las ciencias militares (Clausewitz) y de la epistemología científica (Marx). La política es “el arte de lo posible” (Die Kunst des Moeglichen), no de lo soñado o deseado valoricamente o intelectualmente, decía Bismarck. Y tiene toda la razón. Es la correlación de fuerzas reales en las cuales se pretende implementar un proyecto histórico, la que determina todos sus aspectos de implementación, como las alianzas posibles y necesarias, tácticas y estrategia, formas de poder a utilizar, etcétera. Los Campos Elíseos del intelectual son sus escritorios. Ahí puede soñar filantrópicamente y mejorar el mundo. El campo de batalla de la realpolitik es el ajedrez del poder.

8. El campo de batalla - Clausewitz
Las ciencias militares, olímpicamente despreciadas por la ignorante “izquierda” contemporánea, son el mejor modelo de razonamiento pedagógico sobre el poder, que la educación política puede encontrar. No carga con las ilusiones generales y manipulaciones clasistas de las “ciencias” sociales, sino expresa la esencia de la sociedad mediante sus fuerzas determinantes. No utiliza condones semánticos y eufemismos como otros géneros comunicativos, sino opera, como dice el barrio bravo de Tepito, con “la Neta”. El oficial prusiano Carl von Clausewitz ha sistematizado esa ciencia mediante conceptos como la batalla decisiva, el centro de gravitación, la guerra de atrición y la definición clásica del arte de la guerra: “Los factores espacio, tiempo, fuerza son la base de toda acción militar…El arte operativo de la guerra consiste en emplear las fuerzas adecuadas, en el lugar adecuado, en el momento adecuado”. No requiere mayor discusión, que este software operativo es tan vigente para la praxis militar, como para la política y empresarial. Al igual que el caveat del coronel, de que una mala paz es mejor que una buena guerra, y que al adversario vencido no hay que humillarlo, porque esto equivaldría a poner las semillas de la próxima guerra.

9.  La Madre de todas las Batallas - Marx
La célebre onceava tesis de Karl Marx sobre Feuerbach, de que los filósofos sólo han interpretado el mundo de diferente manera, pero que de lo que se trata es “transformarlo”, le ha causado a muchos filósofos y estudiantes dolores de cabeza. Si consideramos que la mayoría de los filósofos no son científicos, es decir, no usan la metodología científica, y que muy pocos logran escapar del “círculo hermenéutico” (Gadamer) de sus valores y de su privilegiada existencia profesoral burguesa, entonces no sorprende su dificultad con la tesis trascendental del materialismo científico de Marx. Pese a que, a fondo, la relación entre filosofía y transformación de la realidad es evidente. La filosofía es un software del mundo virtual, cuyas elucubraciones sólo pueden realizarse mediante: a) un sujeto social realmente existente, es decir, las clases sociales y/o el Estado y, b) el modus operandi de estos: el poder. Lo demás son mistificaciones.

10. Cuarta Transformación e Illuminati
Lo dicho anteriormente tiene gran actualidad, porque con cada llegada al poder de un nuevo gobierno se acercan cantidades de illuminati filosóficos y educativos, junto con los inevitables mercaderes, que quieren dirigir el proceso. Ante esos oportunistas es necesario insistir, que los hegemónes del cambio no deben ser los biblioburros, los filósofos y académicos, sino las auténticas vanguardias y cuadros de base que forjaron las condiciones para la transición.